SUIZA. “Su nombre deriva de uno de los cantones fundadores de la Federación, Schweiz, al parecer es una variante de la tribu de los suevos (pueblo germánico del Norte de Europa.)”
LOS HEBREOS. Llegamos en el siglo XIV huyendo de los azotes que nos propinaban alemanes e italianos. Aquí no nos iba a ir mucho
mejor: fuimos expulsados de las ciudades y llevados a zonas apartadas.
Durante la epidemia de la Peste Negra nuestra higiene nos permitió zafar de la enfermedad.
Fue cuando los lugareños nos acusaron de propagar el mal. No solo eso: intentaron curarse lavándose con nuestra sangre.
El antisemitismo existente en la Confederación Helvética, en la mitad del siglo XIX, preocupó al presidente de los EE.UU., ABRAHAM LINCOLN (n. 1809). Para demostrar su disgusto ante el racismo imperante designó a un hebreo cónsul en Zúrich.
Un alemán, Gerhard Riegner que se refugió aquí previno a los hebreos, de lo que se avecinaba, desde el ascenso de Hitler. Muy pocos le creyeron.
Los suizos se opusieron abiertamente contra el régimen nazi. No así los miembros del Gobierno quienes se negaron a auxiliarnos. En cambio, aceptaron comprar el oro robado y guardarse el dinero sustraído a los hebreos que estaban depositados en sus bancos.
El jefe de la policía de Extranjería, Heinrich Rothmund, convenció a los alemanes para que introdujeran la letra “J” en nuestros pasaportes.
EL RINCÓN DE LOS JUSTOS. El comisario de la localidad de St. Gallen, PAUL GRÜNINGER (n. 1891), logró que tres mil hebreos encontraran asilo en Suiza.
Al finalizar la guerra, su generosidad fue recompensada con un pesado confinamiento que puso fin a su carrera.
Miembro de una devota familia cristiana, CARL Lutz, (n. 1895), fue el primer diplomático de un país neutral en rescatar hebreos húngaros. Se inventó una carta de protección, estratagema que le sirvió para salvarles la vida a sesenta mil personas. Por su accionar humanitario le valió el reconocimiento de la institución Yad Vashem.
TURQUÍA. “El origen del nombre se puede dividir en dos palabras:
Türk, que significa ‘Fuerte" o “Tu-kin’, empleado por los chinos para designar a las personas que vivían al sur del Macizo de Altai (cordillera del Asia central), en el año 177.”
LOS HEBREOS. Llegamos a esta tierra cuarenta años antes de la era cristiana. Se han encontrado ruinas de sinagogas en Sardis, capital del reino de Lidia (península de Anatolia.)
Cuando en el año 1324 los otomanos capturaron Bursa (ciudad del noroeste del país) se encontraron con una comunidad oprimida por los bizantinos.
El jefe invasor, el sultán Orhan (n. 1281), nos autorizó a construir una sinagoga la que permaneció al servicio de la comunidad religiosa hasta mediados de los años cincuenta del siglo XX.
A principios del siglo XIV los otomanos establecieron su capital en Edirne (noroeste de la Turquía europea, no lejos de las fronteras con Grecia y Bulgaria). Esto produjo una gran corriente inmigratoria proveniente de diversos países de Europa. También aquí se asiló un grupo de caraítas.
Cuando Mehmet II, el conquistador, tomó Constantinopla en el año 1453, se encontró con romaniotas que habían estado oprimidos por los bizantinos.
El médico hebreo, YOSEF HAMÓN, que atendía al monarca Bavaceto II (n. 1447), lo convenció para que abriera las fronteras a los perseguidos por la Inquisición española.
El hijo de Yosef, que era el médico personal de Solimán, el Magnífico, (n. 1494), influyó sobre él para que nuestra comunidad mantuviera su autonomía.
GRACIA MENDES y su sobrino José Nasí obtuvieron, durante el reinado de Solimán, el dominio de la ciudad hebrea de Tiberíades, incluyendo el distrito que la rodea y la propiedad de un grupo de islas cercanas en el mar Egeo.
Nasí concibió un plan para instalar en Tiberíades, una de las cuatro ciudades santas del Judaísmo, como colonia autónoma.
Hizo un llamamiento al pueblo para que regresase a la tierra de sus antepasados. Los pocos que habían respondido a su convocatoria no llegaron a destino porque fueron asaltados en el camino y vendidos como esclavos.
Nasí perdería el favor real.
Una de las grandes innovaciones comunitarias fue la imprenta de los hermanos David y Samuel ibn Nehemías quienes, en 1493, comenzaron a editar distintas publicaciones para la comunidad residente en Estambul.
RECORDANDO A LOS JUSTOS. El cónsul en Rodas, SELAHATTIN ÜLKÜMEN (n. 1914) les salvó la vida a doscientas personas. Cuando Alemania bombardeó el Consulado, en el ataque fallecieron su esposa que estaba embarazada, y dos oficiales turcos.
El cónsul general en París NAMIK KEMAL YOLGA, (n. 1914), les concedió la ciudadanía de su país a un grupo de personas que estaban a punto de ser enviadas a los campos de concentración.
Su colega en Marsella y Grenoble, NECDET KENT (n. 1911), liberó a ochenta personas que ya habían sido cargadas en un tren con destino a Auschwitz.
El embajador en Francia durante la ocupación nazi, BEHIC ERKIN (n. 1876), falsificó documentos para que veinte mil hebreos figuraran como ciudadanos turcos.
UCRANIA. “En eslavo significa ‘Territorio fronterizo’. Y en ucraniano moderno: ‘País’.”
Aquí nació Mi Padre. Esto no implica que yo no pueda decir que aquí habitan seres malditos.
LOS HEBREOS. En el año 1500 nos establecimos en sus estepas desarrollando una fructífera actividad agrícola.
Quizá por eso a Mi Padre le gustaba tanto la vida campestre.
Cuando fuerzas polaco-lituano se apoderaron de este territorio los nobles nos obligaron a cobrarles los impuestos a las masas empobrecidas. Nos ganamos el odio del pueblo.
En 1648 se produjo la revuelta de los cosacos encabezada por el atamán Bohdan Zynoviy Mykhailovych Khmelnytsky (n. 1595), contra la nobleza invasora. Como al pasar NOS MASACRARON.
A finales del siglo XIX y principios del XX el país pasó a ser dominio ruso y los ucranianos nos acusaron de ser sus aliados. Por esta razón los nazis fueron recibidos como libertadores.
Cien mil hebreos fueron arrastrados hasta la barranca de BABI YAR, y en grupos de a diez fueron forzados a desnudarse y a cavar las zanjas.
Los homicidas ocultaron el horrendo crimen. Pero testigos oculares filtraron la noticia al otro lado de las fronteras y el 29 de noviembre de 1943 lo publicó el diario The New York Times.
Yo tendría unos once años cuando Mi Madre hizo que leyera el poema BABI YAR, del ruso Evgueni Alexándrovich Evtushenko (n. 1933), que había publicado Die Idishe Zeitung.
“ No existe monumento en Babi Yar;
me siento sólo la agria ladera. Y tengo miedo.
un judío en el desierto
que de Egipto escapó. Me crucifican
y mis manos conservan los estigmas.
Me parece ser Dreyfus, condenado,
al que juzgan, escupen, encarcelan;
pero de pie resiste la calumnia
y el grito filisteo. Con la punta
de sus sombrillas en mi rostro vejan
mi indefensión mujeres que se acercan
con vestidos de encaje de Bruselas.
O también soy un niño en Bialistok.
De pronto estalla el pogromo.
La sangre derramada cubre el suelo.
Los que huelen a vodka y a cebolla
salen de la taberna y gritan todos:
"Mata judíos: salvarás a Rusia".
Un tendero se ensaña con mi madre.
Otro hombre me patea. En vano rezo
plegarias que se pierden en la nada.
Me siento dentro
de la piel de Anna Frank que es transparente
como un ramo de abril.
No hacen falta palabras. Siento amor
y sólo necesito que el uno al otro
nos miremos de frente.
Separados del cielo y el follaje.
Solamente podemos abrazarnos
en este cuarto a oscuras.
Quiero besarte una vez más, acércate.
Ya vienen. Nada temas: el rumor
es de la primavera que se anuncia
y del témpano roto en el deshielo.
Y en torno a Babi Yar suena la hierba
que ha crecido salvaje desde entonces.
Los árboles nos juzgan. Todo grita
pero el grito está hecho de silencio.
Al descubrirme observo mi cabello.
También ha encanecido. También grito
por los miles de muertos inocentes
masacrados aquí. En cada anciano
y en cada niño al que mataron muero.
Pueblo ruso, mi pueblo: te conozco.
Tú no odias ni razas ni naciones.
Manos viles trataron de infamarte
al usurpar tu nombre y al llamarse
"Unión del Pueblo Ruso". No perdono.
Que La Internacional llene los aires
cuando el último
antisemita yazga bajo la tierra.,
No soy judío. Como si lo fuera
me odian todos aquéllos.
Por su odio
soy y seré un verdadero ruso.”
EL RINCÓN DE LOS JUSTOS. El sacerdote greco católico OMELYAN KOVCH (n. 1884), sacerdote griego-católico, fue deportado a Treblinka y gaseado por ayudar a miles de hebreos. Era padre de seis niños.
El patriarca ANDREI SHEPTITSKY (n. 1865), figura prominente de la Iglesia greco-católica ocultó en su catedral a veintiún niños y a otros ciento ochenta y tres en conventos y monasterios.
A pesar del peligro que pesaba sobre todo aquel que escondía a un hebreo y de las recompensas que recibían los delatores, ninguno de sus allegados lo traicionó.
YUGOSLAVIA. “ Es el nombre genérico que recibía un territorio integrado por lo que son las provincias de Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Serbia (incluyendo la provincia autoproclamada independiente de Kosovo), Montenegro y Macedonia.”
Los pueblos de la ex Yugoslavia no pueden ocultar la carroña que hay en sus entrañas.
LOS HEBREOS. Nos establecimos aquí en el año 325 adC. Durante siglos sufrimos discriminaciones y persecuciones hasta que en el año 1888, por la nueva Constitución, nos reconocieron nuestros derechos civiles.
Éramos una ínfima minoría cuando en 1918 se consolidó la nueva República. Y el antisemitismo afectó a todas las estructuras del país aunque no existía un partido político que incluyera en su plataforma postulados racistas.
En 1941 los nazis invadieron en Yugoslavia. Se creó un Estado croata independiente. Las fuerzas armadas recién constituidas, la Ushtashe, desataron una ola de terror contra serbios, hebreos y gitanos.
En el mes de agosto seis mil de mis paisanos fueron aniquilados y unos veinte mil enviados a campos de concentración.
En el territorio de Bosnia-Herzegovina los nazis masacraron a cerca de nueve mil hebreos, contando con la cooperación de los musulmanes locales quienes, bajo la influencia de líderes, como HAJ AMIN EL HUSSEINi, muftí de Jerusalém, se mostraron tan crueles como los alemanes.
En Voivodina ocupada por las tropas húngaras, seis mil hebreos dejaron sus vidas en los campos de concentración.
Serbia fue declarada “Libre de judíos--- Judenfrei” en 1942, con el aniquilamiento de doce mil de mis paisanos.
El régimen comunista encabezado por Josip Broz Tito (n. 1892), unificó a los distintos Estados, extendiendo su poder durante más de cuatro décadas. Él nos permitió practicar nuestra religión, aunque no aceptó la educación judaica ni ocupar cargos públicos. Cuando Tito reconoció al Estado de Israel nuestra gente tuvo la posibilidad de hacer aliá. Pero cuando su país se incorporó al Pacto de Varsovia, Tito rompió sus relaciones diplomáticas con Israel.
En un libro escrito por el presidente croata, Franjo Tudjman (n. 1922) se nos acusa de haber participado en el asesinato de prisioneros gitanos en el campo de concentración de JASENOVAC y, a la vez, minimiza el número de víctimas de la Shoá.
Para este imbécil nuestra vida en los majanot ricuz era de turismo.
Nos adjudicaron la muerte de Cristo. En esta misma sintonía está acusarnos la muerte de gitanos.
Total, para el antisemita no hay términos medios.
La vida es una fotocopia.
En la República Federal Yugoslava (Serbia y Montenegro), grupos extremistas enaltecen las figuras de Dmitrije Ljotic, teórico del antisemitismo vernáculo, y de Milan Nedic, co-organizador de los asesinatos masivos entre 1941 y 1942.
A finales del siglo XX, la IGLESIA ORTODOXA serbia publicó libros de naturaleza antisemita escritos por el obispo Nikolái Velimirovic, prominente teólogo anticomunista.
El estereotipo de la conspiración hebreo-masónica ha aparecido con frecuencia en la prensa amarillista, particularmente en el semanario Duga, obra malsana de Dragos Kalajic, reconocido antisemita y fascista.
En la revista Pravoslavje de la Iglesia serbia se publicaron varios artículos, con la diatriba de siempre: que somos los asesinos de Cristo.
La vida es una fotocopia.
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