Dios está prófugo, solo está presente en aquellos que buscan
quitarlo de su exilio, para que los ayude a sobrellevar la soledad,
a consolarlos ante la pérdida de un ser querido, cuando la vida viene cambiada
y la felicidad les está negada y, finalmente para poder sobrellevar el temor a
la muerte.
Hay que suponer que
la entrada de Jesús en Jerusalém cabalgando sobre un pollino y rodeado por
una multitud alborozada de hebreos que lo aclamaba como a su
liberador, fue advertido por
Pilatos quien lo interpretó como
un desafío al poder del César.
En el año 36 Lucio
Vitelio, el Legado de la provincia de Siria
destituyó a Pilatos por la
brutalidad con que reprimió una revuelta de los samaritanos.
Pilatos se equivocó de enemigo. Los samaritanos estaban bajo
la protección romana después que nos traicionaran cuando las legiones romanas estaban a punto
de ser vencidas por los zelotes (integrantes de
un movimiento político nacionalista), que se habían atrincherado en las alturas de Masada.
Y Dios no movió un dedo por nosotros, sabiendo que habíamos
perdido la Tierra Prometida.
EL REBELDE HEBREO
BARRABÁS a quien la Iglesia Católica
dispuso que jugara el rol de un maldito
delator, era en realidad un luchador
social.
En el nombre Barrabás hay una confusión, se cree que Bar—
aba—Hijo del Padre, era el nombre como se lo conocía a Jesús.
En la ciudad egipcia de ALEJANDRÍA vivían cien mil hebreos al
comienzo de la era cristiana.
La tolerancia para la práctica de nuestra religión por parte
del conquistador macedonio, Alejandro Magno, convirtió a Egipto en el corazón
de la Diáspora hebrea y Alejandría en una nueva Atenas.
Cuando Roma prevaleció sobre el imperio helenista,
escritores romanos heredaron la judeofobia de los
griegos.
En las sociedades corruptas, donde el
valor humano está deformado, se aplican
recetas que sirven para ensañarse con aquellos que son considerados
ciudadanos de segunda clase.
El
romano Cornelio Tácito (n.55), argüía: “los hebreos debilitan la
moralidad romana.”
Había que ser un estiércol como para desconocer la naturaleza espuria de los romanos.
Cuando los monarcas
españoles pasaron a ser los Reyes
Católicos, por decisión del papa valenciano
Alejandro VI (Borgia), tuvieron total impunidad para exterminar a hebreos y
musulmanes.
Lo que hicieron los españoles en Europa y en América,
Por medio de la
Inquisición, fue propio de un pueblo
maldito.
Y Dios no los condenó.
Hablando de España, “El diario El País, uno de los periódicos más
prestigiosos de Europa y del
mundo, cuando publica una noticia referida
a Israel aparecen datos que son
totalmente intencionales, como repetir que la capital del país es Tel Aviv.”
MIS PADRES nacieron en dos países malditos (en Polonia Mi Madre, y en
Ucrania, Mi Padre), tan es así que en la SGM ayudaron a los nazis a destruir
nuestras prósperas comunidades.
Mis Padres cuando llegaron a la Argentina, tendieron un manto
de olvido con el pasado a punto tal que no
volvieron a hablar el
idioma de esos pueblos eslavos.
LAS OLAS MIGRATORIAS
HEBREAS EN POLONIA se iniciaron en
el año 1264 cuando Boleslav el Piadoso,
promulgó una Carta de Protección por medio de la cual nos concedió la ciudadanía.
Entonces, fieles a sus
costumbres sacrosantas sectores de la Iglesia católica iniciaron una violenta campaña contra
nosotros.
Para 1454 nuestros privilegios fueron virtualmente abolidos y
entre los años 1483 y 1491 nos expulsaron
de Varsovia y Cracovia.
Durante el siglo XVI
hubo un mejoramiento en nuestra situación: se establecieron escuelas rabínicas
y las comunidades crecieron y prosperaron.
Nuestras penurias volvieron
cuando el atamán BOGDAN
CHMELNICKI (n.1595) y sus cosacos, llevaron a cabo una matanza semejante a la padecida
durante la SGM.
Y Dios no los castigó.
A finales de 1700
Polonia fue dividida entre Rusia, Prusia y Austria y la mayor concentración de
hebreos permaneció bajo dominio ruso, siendo víctimas de un antisemitismo creciente.
TRAS LA RESTAURACIÓN DE LA REPÚBLICA POLACA en 1918, cerca de
tres millones de hebreos volvieron a reunirse bajo la misma bandera,
convirtiéndose en la mayor comunidad existente en la Diáspora.
Durante la Segunda Guerra Mundial todos ellos fueron asesinados en los campos nazis ante la
indiferencia y la complicidad generalizada de la población polaca.
Un año después de finalizada la guerra los hebreos que
permanecieron en Polonia, se vieron hostigados por la población civil.
La atmósfera de
violencia alcanzó su clímax en 1946, en la ciudad de Kielce, al propagarse el falso rumor
que habíamos matado niños
polacos, (la burda acusación de asesinato ritual), lo que produjo un virulento pogromo en el que fueron
asesinados más de cuarenta hebreos.
Durante la guerra de los Seis Días, en el año 1967, las
autoridades comunistas polacas iniciaron una campaña virulentamente en contra
la población de origen hebreo.
Muchos fueron despedidos de sus
trabajos y sus condiciones de vida se deterioraron.
Con la caída del sistema comunista y el consecuente quebranto
de la economía el antisemitismo adquirió nuevos bríos.
Los grupos extremistas y nacionalistas nos culpaban de todos
los males que sufría el país.
En 1989 comenzaron a formarse en Polonia partidos
abiertamente racistas, fascistas y nacionalistas.
Y Dios se hizo el desentendido.