DIOS ESTÁ PRÓFUGO, solo está presente en
aquellos que buscan quitarlo de su exilio, para que los ayude a sobrellevar
la soledad, a consolarlos ante la pérdida de un ser
querido, cuando la vida viene cambiada y la felicidad les está negada y,
finalmente para poder sobrellevar el temor a la muerte.
******
En
el año 1957 viví un año en CAPILLA DEL MONTE, una localidad que está en el valle
de Punilla, provincia de Córdoba.
Me
alojé en la casa de una mujer que se había vuelto espiritista para poder hablar con su hija
adoptiva, muerta en un accidente de tránsito.
La
dueña de la pensión se encontraba con la difunta todos los días jueves.
La
madre de la espiritista, una mujer octogenaria, ferviente católica, me decía
que a su hija se le habían aflojado
varios tornillos.
LA ESPIRITISTA tenía un sobrino adolescente.
Un día el muchacho vino a ver a su tía.
Le comentó que tenía una fuerte migraña. Que no había analgésico que le
calmara.
La tía llamó a la hija de un vecino, una chiquilla de dieciséis años de edad,
considerada una excelente médium.
La
jovencita hizo sentar al muchacho en una silla mientras ella se ubicaba a sus
espaldas.
Comenzó
a mover sus manos sobre la cabeza del enfermo sin tocarlo.
De
pronto yo noté que de sus fosas nasales se descolgaban hilitos de sangre.
Fue
cuando la médium dio por finalizada la sesión.
El
muchacho confesó sentirse mucho mejor.
Yo me dejé llevar
por el entusiasmo después de lo que había presenciado. Pensé en mi asma.
Arreglé con la dueña de la pensión un encuentro con la médium más importante
que tenía la Escuela Científica Basilio de Capilla del Monte.
Fui sometido a una larga y difícil sesión porque al
cabo de un tiempo que no puedo precisar, la médium mayor, se dio por vencida.
Según ella, el Diablo se había abroquelado en mis pulmones, y no tuvo forma de
desalojarlo.
Y yo seguí cargando con el asma por el resto de mis
días.
Quizá por no ser creyente, el Dios prófugo hizo poco y nada para que yo me curara.
Dos años después, tuve una pequeña revancha cuando me CURÉ DE UNAS VERRUGAS que habían invadido
mis manos y mis codos.
Una
señora que vivía en la pensión mendocina donde yo me alojaba, me dio la
dirección de una curandera.
Me
parecía imposible que una sanadora me
podía de quitar las verrugas cuando los
médicos no habían acertado con la cura.
Llegué
a la casa de una mujer envejecida, por el peso de los años.
Después
de identificarme me hizo pasar a una habitación. Sus paredes estaban llenas
de estampitas.
Me
hizo sentar a la mesa. Ella se ubicó frente a mí.
Después
de encender una vela, puso a su lado un puñado de sal gruesa.
Tomaba
un grano de sal y me tocaba una verruga. Hacía
la señal de la cruz. Después esa
pizca de sal la pasaba por el pabilo de
la vela y lo guardaba en una
bolsita
de tela.
Cuando terminó con el ritual me entregó el
saquito con los granos de sal y me
señaló en qué calle lo debía arrojar.
Al
mes no me quedaron rastros de las verrugas.
La
vieja curandera había resultado ser más poderosa que la médium de Capilla del
Monte. Quizá algún santo de los que tenía pegados en las paredes del salón le había ayudado a producir la sanación.
En una de mis reiteradas visitas a Salta estuve en el
museo de alta montaña donde se encuentran las
“MOMIAS DEL LLULLAILLACO”,
nombre con que se conoce a tres cadáveres de incas momificados y congelados. Son de
una adolescente de quince años, y dos niños (una nena de seis años de edad y un varón de
siete); de una antigüedad aproximada de
quinientos años, y descubiertos en el
año 1999 en la Cordillera de los Andes.
La práctica de los sacrificios humanos, generalmente con niños, demostró que su brutalidad no fue
menos brutal y sanguinaria que la
del invasor español.
Mi
Mujer, cuando vio a la adolescente, en ese microclima creado artificialmente
para que no se deteriorara, tuvo la impresión que la jovencita estaba simplemente dormida.
También
en Salta presencié un ritual de invocación a la PACHAMAMA, una deidad aimara,
que en la época de la Conquista llegó a ser confundida con la Virgen María.
Aún se conserva sus creencias y rituales entre los aimaras y quechuas.
El Dios del conquistador Pizarro, el asesino del jefe INCA
ATAHUALPA, fue el mismo que les otorgó las dispensas a
otros tantos criminales españoles que provocaron el gran holocausto
entre las comunidades
originarias.
Los mayas y los aztecas, no fueron
naciones pacíficas. Sus rituales eran tan
sangrientos como el trato hacia otros pueblos de la región.
Cuando llegaron los españoles muchas de
las poblaciones oprimidas les dieron la bienvenida, viéndoles como sus
salvadores.
Le ayudaron al invasor a destruir a ambos
imperios.
Dios
estaba prófugo cuando se produjo LA SHOÁ
de los pueblos originarios de América.
Estados Unidos de Norteamérica es una nación mayorista en materia religiosa.
En cada ciudad y en cada barrio se
amontonan los templos. Y todos tienen su buena clientela.
Los cultos
más numerosos son los pertenecientes a las religiones protestantes donde
se incluyen, entre otros, a bautistas, metodistas, presbisterianos,
episcopalesy pentecostales.
La
Iglesia Ortodoxa griega también tiene un gran número de seguidores.
Dentro de las religiones no cristianas que
se practican en el país del Norte se
destacan: el judaísmo, el islamismo, el
budismo y el hinduismo.
Los
protestantes han sido buenos exportadores de
materia prima.
En
la Argentina, cada una de ellos tiene varias
sucursales, distribuidas a lo largo y a lo ancho
del
país.
Norteamérica
como superpotencia, tiene poco o nada
que ver con el espíritu religioso que prevalece
en varios sectores de su sociedad. No sólo ha sido exportadora de
violencia sino también uno de los ejes de la esclavitud negra en el mundo.
Algo
que me atormentó de chico, fue la existencia de esa organización asesina blanca
Ku Klux Klan creada por
seis veteranos Confederados de clase media y
baja,
molestos por la derrota
sureña en la Guerra Civil y por la
difícil situación que vivía su
comunidad.
El antisemitismo
yanqui no ha sido cuestión de todos los días pero no faltaron los epígonos del odio para atacarnos, verbal y físicamente.
Esto quedó evidenciado
en las crónicas periodísticas durante el juicio y posterior linchamiento, del
hebreo Leo Frank (n.1884), por una supuesta violación y asesinato de una
menor de edad. Y fue la fuente de ese panegírico judeofóbico que resultó ser la película
El nacimiento de
una nación.
Siendo
niño me conmoví leyendo LA CABAÑA DEL
TÍO TOM, novela de
la escritora abolicionista Harriet
Beecher Stowe (n.1811.)
Dios nunca trató de
evitar el sufrimiento de la población
negra de los EE.UU. Quizá porque él es blanco.
Cuando
yo era chico sentía pena y miedo de los
gitanos. Esa doble sensación se redujo
cuando Mi Madre hizo ingresar a una gitana a casa, para comprarle unas ollas de aluminio que su
familia fabricaba.
En
mi pueblo se trataba a las gitanas como embusteras que convencían a las mujeres
carentes de amor y mucha soledad, para
que se dejaran adivinar la suerte.
Una
vez que la desdichada extendía su mano, porque era la clave para una correcta
predicción, siempre terminaba sin un anillo o sin su pulsera.
Hubo
situaciones que pudieron ser ciertas pero en otras fueron parte del mito urbano: como que los gitanos
robaban niños.
Y
de esto se valían muchos padres para domesticar al hijo rebelde.
En los años cincuenta,
los gitanos vivían en carpas. Treinta años después eran dueños de chalets.
En mi
época de enfermero en un
hospital público de Mar del Plata, allá por los años noventa había muchos enfermeros que se negaban a
atender a los gitanos, por la sencilla
razón que les tenían bronca.
Esta
actitud discriminatoria involucraba, entre otros, a chilenos y bolivianos.Los cíngaros son básicamente
católicos. Pero ya en el siglo
XXI se ha visto que muchos se han pasado
a los cultos protestantes.
Los gitanos al igual que mi pueblo fueron perseguidos por el nazismo. A muchos de ellos
los
esterilizaron y castraron en los
campos de exterminio de Dachau y
Sachsenhausen.
En Buchenwald, en enero de 1940, doscientos cincuenta niños
fueron objetos de experimentos para comprobar sus resistencias al dolor hasta matarlos.
Después de la SGM, del
millón de gitanos que había en Europa, unos doscientos mil perecieron en
los campos de concentración.
Dios
no puede ignorar que el caló lo sigue
pasando mal sin embargo, no lo tiene en cuenta.