EL ODIO
hacia mi pueblo es un sentimiento
alimentado durante siglos por la Iglesia Católica.
Esa animadversión prospera en la ignorancia.
Por eso se nos ha
calumniado, satanizado, perseguido
y masacrado, en los países donde
el clero católico ha tenido una mayor
influencia.
A pesar que mi pueblo
ha sido el primero en creer en un único Dios se lo considera una "raza
maldita" de "pérfidos". Para ello hacen uso de interpretaciones tendenciosas de las
Sagradas Escrituras.
Si un hijo puede
llegar a odiar a su padre, qué problema que la Iglesia Católica, nos haya
maltratado a pesar que le hemos dado todos los elementos para que
organizaran su curro universal.
Jesucristo practicaba
la religión judía, sin embargo los católicos se encargaron de envolver su
creencia en un gran paquete de odio y extermino.
“Cuando murió (Jesús)
tomaron su cuerpo
y lo envolvieron en vendas con los aromas conforme a la costumbre judía
de sepultar.”
Esto lo escribió el hebreo
Mateo Levi, considerado uno de
los Padres de la Iglesia de Roma.
A la Iglesia Católica
siempre le molestó que practicáramos el
verdadero monoteísmo. Que no
aceptáramos ese enorme muestrario de santos y vírgenes.
En distintas épocas
los hebreos europeos trataron de mantener un
comportamiento social como el de
cualquier gentil y así le fue.
El
fallecido cardenal francés, Monseñor JEAN MARIE LUSTIGER, un hebreo convertido, se salvó
de ser horneado en un campo nazi gracias a la bondad de una familia católica.
En cambio
su madre murió en el campo de
exterminio de Auschwitz.
La alemana de origen hebreo, convertida al catolicismo, EDITH STEIN,
conocida como Santa Teresa
Benedicta de la Cruz (n.1891) terminó con su vida en los hornos de
Auschwitz.
De nada le sirvió su
cristianización a esta monja de las
Carmelitas. Mucho menos escribirle al papa Pio XII
por sentirse consternada viendo un mundo en llamas.
Y el Pío no dijo ni
pío y Dios no se dio por enterado.
Ningún antisemita se
niega a recibir tratamiento de un médico hebreo. Mucho menos de recurrir a
medicamentos creados por científicos hebreos.
Somos una raza pérfida que beneficia a la Humanidad.
¡Qué paradoja!
El procurador romano
Poncio Pilatos, según Filón de
Alejandría, era "de carácter
inflexible y duro, sin ninguna consideración, cuyo gobierno en Israel se caracterizó por su corrupción, robos, actos de violencia, ofensas, brutalidades, e
innumerables condenas sin previo
proceso.”
Todos los antisemitas
tienen el perfil de Pilatos.
Hay que suponer que la entrada de Jesús en Jerusalém
cabalgando sobre un pollino y rodeado por una multitud alborozada
de hebreos que lo aclamaba como a su liberador, fue advertido por Pilatos
quien lo interpretó como un desafío al poder del César.
En el año 36 LUCIO VITELIO, el Legado de la provincia de
Siria destituyó a Pilatos por la brutalidad con que reprimió
una revuelta de los samaritanos.
Pilatos se equivocó de
enemigo. Los samaritanos estaban bajo la protección romana después que nos
traicionaran cuando las legiones romanas
estaban a punto de ser vencidas por los zelotes (integrantes de un movimiento político nacionalista), que se
habían atrincherado en las alturas de Masada.
Y Dios no movió un
dedo por nosotros, sabiendo que habíamos perdido la Tierra Prometida.
EL REBELDE HEBREO
BARRABÁS a quien la Iglesia Católica
dispuso que jugara el rol de un maldito
delator, era en realidad un luchador
social.
En el nombre Barrabás
hay una confusión, se cree que Bar— aba—Hijo del Padre, era el nombre como se lo conocía a Jesús.
En la ciudad egipcia
de ALEJANDRÍA VIVÍAN CIEN MIL HEBREOS al comienzo de la era cristiana.
La tolerancia para la
práctica de nuestra religión por parte del conquistador macedonio, Alejandro
Magno, convirtió a Egipto en el corazón de la Diáspora hebrea y Alejandría en
una nueva Atenas.
Cuando Roma
prevaleció sobre el imperio helenista, escritores romanos heredaron la
judeofobia de los
griegos.
EN LAS SOCIEDADES CORRUPTAS, donde el valor humano
está deformado, se aplican recetas que
sirven para ensañarse con aquellos que son considerados ciudadanos de segunda
clase.
El romano
Cornelio Tácito (n.55), argüía: “los hebreos debilitan la moralidad romana.”
Había que ser un estiércol como para desconocer la naturaleza espuria de los romanos.
Cuando los monarcas españoles pasaron a ser los REYES CATÓLICOS, por decisión del papa
valenciano
Alejandro VI,
tuvieron total impunidad para exterminar
a hebreos y musulmanes.
Lo que hicieron los
españoles en Europa y en América,
Por medio de la Inquisición, fue propio de
un pueblo maldito.
Y Dios no los condenó.
Hablando de España, “El diario El País, uno de los periódicos más
prestigiosos de Europa y del
mundo, cuando publica una noticia referida
a Israel aparecen datos que son
totalmente intencionales, como repetir que la capital del país es Tel Aviv.”
(A cada paso una mentira blogspot.com.)