A
cada paso una mentira.
De
pronto se oyen gritos e improperios en
idish. En la calle integrantes del grupo ultra ortodoxo, Guardianes de Dios
(NATUREI KARTA), estaban protestando
porque la breijat sjiá, estaba abierta
en Shabat.
Una
mañana decidí visitar el barrio jerosolimitano de este grupo minoritario descendiente
de hebreos húngaros que se
establecieron en la Ciudad Vieja de Jerusalém a comienzos del siglo XIX.
Me
miraban con desconfianza y cuando traté de sacar unas fotos del lugar,
casi me achuran.
No
reconocen al Estado hebreo y siguen esperando la venida del Mesías. Se van a morir sin ver la pretendida redención.
En
el año 1956 me fui a vivir a Mendoza. Me alojé
en la casa de un rabino. Su esposa era una arpía con todas las
letras. Invocaba a Dios, todo el día y
todos los días. Sin embargo, cuando se
trataba de pesos se volvía impiadosa.
Como Mis Padres se demoraron en
enviarle la cuota destinada a mi
manutención, la tipa me rajó de su casa sin sentir pena por mí, que era un
chico de quince años y asmático.
Después fui a dar con mis huesos a la casa de un
matrimonio húngaro sobreviviente de la
SGM.
La dueña de casa-hay mujeres que son jodidas-,
me limpió porque había recibido un pensionista que le pagaba un poco
más.
A ella le
perdoné su miserable actitud. En Auschwitz había dejado de creer en Dios.
En
el año 1997 viviendo en Israel, trabajé
año y medio en un geriátrico. El dueño
de esa casa de osamentas, era un joven israelí de padres iraquíes. El tipo
todas las mañanas rezaba, y con esto creía limpiar su conciencia y poder
seguir explotando al personal, a quien
tenía en negro.
Mataba
de hambre a la gente que vivía en la institución y mentía a los familiares sobre las
bondades del lugar para poderles cobrar
mucho más.
El
dueño de la Humillación echó del laburo a un asistente mientras se estaba reponiendo
de una intervención quirúrgica. Como no figuraba en la nómina solo podía ir a quejarse a
magoya.
EL DIOS PRÓFUGO, permitía que el dueño del
geriátrico se enriqueciera del dolor ajeno.
MI
PADRE decidió que yo tomara la comunión por una cuestión social más que por
convicción religiosa. No quería bancarse
los comentarios de los conocidos que su
primogénito no había hecho el BAR MITZVÁ.
En
el año 1995 un amigo me pidió que acompañara a un rabino como traductor. El
religioso había venido a Mar del Plata
para controlar que la merluza fuera envasada respetándose el
Kashrut.
El pescado se iba a enviar a un importante supermercado de la ciudad
de Bnei Brak, donde se concentra la segunda comunidad religiosa de Israel después de
Jerusalém.
Embarcamos
un día viernes al atardecer y de pronto el rabino se dio cuenta que había
salido la primera estrella y el pescado sin salir.
El rabino, se
había venido con un edecán. Entre los dos buscaron una solución bíblica para no
afectar sus ingresos. Por esta changuita el dúo
iba a embolsar quince mil
dólares, en una repartija desigual, por supuesto.
Al anochecer del sábado abandonamos el barco.
El rabino se alojó en un hotel de lujo. A su edecán lo
mandó a una pocilga.
Por los visto el Dios ausente permitia todo tipo de trapisondas.
En
el año 1957 viví un año en Capilla del Monte, una localidad que está en el valle
de Punilla, provincia de Córdoba.
Me
alojé en la casa de una mujer que se había vuelto espiritista para poder hablar con su hija adoptiva,
muerta en un accidente de tránsito.
La
dueña de la pensión se encontraba con la difunta todos los días jueves.
La
madre de la espiritista, una mujer octogenaria, ferviente católica, me decía
que a su hija se le habían aflojado
varios tornillos.
La
espiritista tenía un sobrino adolescente. Un día el muchacho vino a ver a su tía. Le comentó que tenía una fuerte
migraña. Que no había analgésico que le calmara.
La tía llamó a la hija de un vecino, una chiquilla de dieciséis años de edad,
considerada una excelente médium.
La
jovencita hizo sentar al muchacho en una silla mientras ella se ubicaba a sus
espaldas. Comenzó a mover sus manos sobre la cabeza del enfermo sin tocarlo.
De
pronto: yo noté que de sus fosas nasales de la médium
se
descolgaban hilitos de sangre. Fue cuando dio
por finalizada la sesión.
El
muchacho confesó sentirse mucho mejor.
Yo me dejé llevar
por el entusiasmo después de lo que había presenciado. Pensé en mi asma.
Arreglé con la dueña de la pensión un encuentro con la médium más importante
que tenía la Escuela Científica Basilio de Capilla del Monte.
Fui sometido a una larga y difícil sesión. Al cabo de
un tiempo que no puedo precisar, la espiritista mayor, se dio por vencida.
Según ella, el Diablo se había abroquelado en mis pulmones, y no hubo forma de
desalojarlo. Y yo sigo cargando con el asma, a punto de ser un
octogenario.
Quizá fue un castigo por no creer en Dios.
Dos años después, tuve una pequeña revancha cuando me curé de unas verrugas que habían invadido
mis manos y mis codos.
Una
señora que vivía en la pensión mendocina donde yo me alojaba, me dio la
dirección de una curandera.
Me
parecía imposible que una sanadora me
podía de quitar las verrugas cuando los
médicos no habían acertado con la cura.
Llegué
a la casa de una mujer envejecida, por el peso de los años.
Después
de identificarme me hizo pasar a una habitación. Sus paredes estaban llenas
de estampitas.
Me
hizo sentar a la mesa. Ella se ubicó frente a mí.
Después
de encender una vela, puso a su lado un puñado de granos de sal gruesa.
El
ritual consistía en pasar cada grano de sal por una verruga. Acto seguido
hacía la
señal de la cruz. Después esa pizca
de sal la pasaba por el pabilo de la vela y lo guardaba en una bolsita
de tela.
Cuando terminó con el rito me entregó el
saquito con los granos de sal y me
señaló en qué calle lo debía arrojar.
Al
mes no me quedaron rastros de las verrugas.
La
vieja curandera había resultado ser más poderosa que la médium de Capilla del
Monte. Quizá algún santo de los que tenía pegados en las paredes del salón le había ayudado a producir mi sanación.
En una de mis
reiteradas visitas a Salta estuve en el museo de alta montaña donde se
encuentran las “MOMIAS DEL LLULLAILLACO”,
nombre con que se conoce a tres cadáveres de incas momificados y congelados. Son de
una adolescente de quince años, y dos niños (una nena de seis años de edad y un varón de
siete); de una antigüedad aproximada de
quinientos años, y descubiertos en el
año 1999 en la Cordillera de los
Andes.
La práctica de los sacrificios humanos, generalmente con niños, demostró que su brutalidad no fue
menos brutal y sanguinaria que la
del invasor español.
Mi
Mujer, cuando vio a la adolescente, en ese microclima creado artificialmente
para que no se deteriorara, tuvo la impresión que la jovencita estaba simplemente dormida.
También
en Salta presencié un ritual de invocación a la
PACHAMAMA,
una deidad aimara, que en la época de la Conquista llegó a ser confundida con
la Virgen María.
Aún se conserva sus creencias y rituales entre los aimaras y quechuas.
El
Dios del conquistador Pizarro, el
asesino del jefe inca Atahualpa,
fue el mismo que les otorgó
las dispensas a otros
tantos criminales españoles que
provocaron el gran holocausto entre
las comunidades originarias.
LOS MAYAS Y LOS AZTECAS, no fueron
naciones pacíficas. Sus rituales eran tan
sangrientos como el trato hacia otros pueblos de la región.
Cuando llegaron los españoles muchas de
las poblaciones oprimidas les dieron la bienvenida, viéndoles como sus
salvadores.
Le ayudaron al invasor a destruir a ambos
imperios.
Dios
estaba prófugo cuando se produjo la Shoá
de los pueblos originarios de América.
ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA es una nación mayorista en materia religiosa.
En cada ciudad y en cada barrio se
amontonan los templos. Y todos tienen su buena clientela.
Los cultos más numerosos son los pertenecientes a las
religiones protestantes donde se incluyen, entre otros, a bautistas,
metodistas, presbiterianos, episcopales y
pentecostales.
La Iglesia Ortodoxa griega también tiene un
gran número de seguidores.
Dentro de las
religiones no cristianas que se practican en el país del Norte se destacan: el judaísmo, el islamismo, el budismo y el hinduismo.
Los protestantes han sido buenos exportadores de materia prima.
En
la Argentina, cada una de ellos tiene
varias sucursales, distribuidas a lo largo y a lo ancho del país.
Norteamérica
como superpotencia, tiene poco o nada
que ver con el espíritu religioso que prevalece
en varios sectores de su sociedad. No sólo ha sido exportadora de
violencia sino también uno de los ejes de la esclavitud negra en el mundo. Convertir en
esclavos a los hombres y mujeres traídos del África
ha sido la mayor afrenta para
un pueblo que se suponía en permanente
sintonía con Dios.
Algo
que me atormentó de chico, fue la existencia de esa organización asesina blanca
KU KLUX KLAN creada por
seis veteranos Confederados de clase media y baja, molestos por la derrota sureña en la Guerra Civil y por la difícil situación
que vivía su comunidad.
EL ANTISEMITISMO
YANQUI no ha sido cuestión de todos los días pero no faltaron los epígonos del odio para atacarnos, verbal y físicamente.
Esto quedó evidenciado
en las crónicas periodísticas durante el juicio y posterior linchamiento, del
hebreo Leo Frank (n.1884), por una supuesta violación y asesinato de una
menor de edad. Y fue la fuente de ese panegírico judeofóbico que resultó ser la
película El nacimiento de una nación.
Siendo niño me conmoví leyendo
La cabaña del tío To, novela de
la escritora abolicionista Harriet
Beecher Stowe (n.1811.)
DIOS
nunca trató de evitar el sufrimiento de
la población negra de los EE.UU. Quizá porque él es blanco.