A cada paso una
mentira
El catolicismo siempre alentó por
nuestro exterminio, porque el comportamiento del judío, dentro de cualquier
sociedad, exponía a la Iglesia Católica, como una institución religiosa de
conductas más que execrables.
El pueblo judío arrastrado al exilio por los
romanos, se encontró que los seguidores de Jesús, configurarían una especie de
comunidad que manejaría la fe a gusto del imperio en decadencia, dándole las
herramientas para que aceptara el catolicismo (palabra de origen griego.)
Los judíos se mantuvieron fieles a Jehová, puso de
malhumor a los seguidores de Cristo, iniciando una persecución y exterminio
durante casi dos mil años. Y así de
pueblo elegido, pasamos a ser elegidos para matar.
El pueblo judío que se había embarcado en un éxodo
para salvar el pellejo, no percibió que Europa sería su infierno, especialmente
con la llegada de los Reyes Católicos, una dupla sanguinaria que alentados por
la Iglesia Católica, nos echaron de la Península.
ESPAÑA que había crecido gracias a la Ilustración
judía y el aporte de los moros, dejó de
ser un faro de luz para nosotros, sino una fuente del antisemitismo clerical.
Había que subsumir a un pueblo de analfabetos para llenarlo de miedo.
La Inquisición sirvió sacrificar a quienes no
aceptaban la conversión.
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Y este espejo se fue extendiendo hasta el
Holocausto nazi. Bastaba que comunidad judía
se distinguiera, a través de consagrados hombres de la ciencia y la cultura, para que
comenzara un pogromo.
Italia, Austria, Polonia, Rusia, Alemania, entre
otros países, dejaron que la envidia cimentara el antisemitismo, mientras los pobres eran esclavizados y los
ricos compraban los favores del clero.
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EL MALLEUS MALEFICARUM , es un libro
sobre la cacería de "brujas", escrito por los inquisidores Jacob
Sprenger y Heinrich Kramer, publicado en Alemania, en el año 1486. La obsesión
de la iglesia por erradicar los cultos paganos de las llamadas
"brujas" y "hechiceros", a los que consideraba enemigos
mortales de Dios, necesitaba dotarse de un texto que convirtiese en oficial el
procedimiento a seguir para la lucha contra el maligno. Cerca de 40 mil mujeres
fueron asesinadas por la iglesia entre el siglo XV y XVIII. En este contexto
apareció el Malleus Maleficarum, uno de los libros más funestos de la historia.
(Del sitioTheologe.de)
CUANDO EL PAPA PIO IX SECUESTRÓ UN NIÑO JUDÍO
A mediados del siglo 19, un niño judío estaba al borde de la muerte y
recibió un bautismo de emergencia por parte de una criada, lo cual lo convirtió
automáticamente en católico. Al sobrevivir, según la ley de ese entonces, no
podía ser criado por judíos, por lo cual, fue secuestrado del hogar por parte
del Estado y puesto bajo la tutela del Papa Pio Nono.
En la Italia de mediados del siglo
XIX, la mayor parte de la población profesaba la fe católica. La autoridad del
Sumo Pontífice era comparable a la de un rey: su palabra, indiscutible; su
poder, prácticamente ilimitado. Tanto era así que el 23 de junio de 1858, en la
ciudad de Bolonia, la policía golpeó la puerta de una pareja judía, Salomón y
Mariana Padovani Mortara, para llevarse a uno de sus ocho hijos a Roma, donde
sería educado como pupilo del Estado. El niño, EDGARDO MONTARA, había padecido
una enfermedad que lo había acercado a las puertas de la muerte; en ese momento
una criada, compadecida, se encargó de que se le diera el bautismo de
emergencia. Con este, Edgardo pasaba a ser miembro de la Iglesia Católica. Como
por la época regía una ley que prohibía a los niños católicos ser educados por
familias de otra religión, una comisión acudió a la casa de Montara para
llevárselo a Roma. Por entonces el Papa se encargó personalmente del ex niño
judío, y luego él terminó ordenándose sacerdote.
Nacido a mediados de 1851, MORTARA había sido educado bajo el judaísmo
hasta los seis años de edad. La Iglesia decidió tomar a su cargo la custodia
del niño cuando recibió el testimonio de la criada, que aseguraba que el
pequeño había recibido la extremaunción. Anna Morisi, la sirvienta, era
católica, así, en principio resulta extraño pensar cómo se encontraría trabajando
en un hogar que no lo era. Mortara mismo haría notar, en 1912, que las leyes de
los Estados Papales prohibían a los católicos trabajar en casas judías: esta
norma habría evitado casos como el suyo mismo. No obstante, la ley fue
sistemáticamente ignorada debido a la necesidad de empleo de los sirvientes
católicos, que podían trabajar el sábado judío mientras que estos no estaban
autorizados realizar ningún tipo de trabajo.
Finalmente el papa Pío IX adoptó a Mortara, quien ingresaría al Seminario
durante la adolescencia. El niño fue educado en una casa para conversos, la
Casa de los Catecúmenos, mantenida por el Estado. Durante semanas sus padres no
pudieron verlo; más adelante, no podrían visitarlo sin supervisión. El
Pontífice mantuvo varias audiencias con la familia para persuadirla de que se
convirtiera al catolicismo, con lo que podría recuperar a Mortara. A pesar de
la insistencia del sacerdote, los padres se negaron a cambiar de religión.
En 1870 los padres de Mortara intentaron recuperar a su hijo; sin embargo,
para ese entonces el joven ya era mayor de edad y había decidido continuar
profesando el catolicismo. Ese mismo año fue asignado a Francia, donde ingresó
en la orden de los Agustinos. A los 23 años fue ordenado sacerdote y adoptó el
nombre espiritual de Pío, en honor al Sumo Pontífice. En adelante consagraría
buena parte de su vida a misionar para convertir a los judíos, aunque no obtuvo
éxito. Finalmente falleció en 1940, a los 88 años de edad, en una abadía de
Bélgica.
LOS NIÑOS
ROBADOS DEL FRANQUISMO, son aquellos que, durante la Guerra Civil Española y la
posguerra, fueron arrebatados a sus madres republicanas o repatriados sin
permiso de sus padres ni de los países a los que la República los había
evacuado durante la guerra, y entregados posteriormente en adopción a otras
familias adeptas al régimen para su REEDUCACIÓN EN LOS PRINCIPIOS DEL NACIONAL
CATOLICISMO.
Los primeros robos comenzaron a
principios de los años 40 y continuaron durante las décadas 50, 60 y 70. El
robo fue sistemático en cárceles, hospicios y maternidades, y funcionaban de
forma organizada, pues en ellos participaban funcionarios, curas, monjas,
médicos, matronas, militares… EL ESTADO Y LA IGLESIA fueron sin duda los
principales responsables de este problema.
Estos robos tenían una connotación
claramente política pero también económica, pues las familias más adineradas
llegaban a pagar por las adopciones hasta 200.000 pesetas de la época, dinero
que se repartían entre la Iglesia, los médicos y los funcionarios ‘comprados’.
“PROYECTO
BIROBIDZHAN”; o la “Sion de Stalin”. A 8351km de Moscú se encuentra
Birobidzhan, la capital del Oblast Autónomo Judío, o a 174km de Khabarovsk, una
de las ciudades más importante del “lejano oriente” ruso. Hace casi 80 años, en
pleno desarrollo y consolidación de la URSS y bajo el mando de Stalin, nació
este proyecto “alternativo” al Sionismo que estaba próximo a establecer el
Estado de Israel. Con la idea de entregar un territorio dentro de la URSS a
cada una de las naciones que la habitaban, Stalin decidió crear una REGIÓN
AUTÓNOMA PARA LOS JUDÍOS. Las alternativas eran Crimea o el lejano oriente,
optando por la segunda, para que los judíos estén lo más lejos posible en uno
de los territorios más difíciles para el asentamiento humano
En su
momento, llegaron a vivir aproximadamente 30.000 judíos en Birobidzhan, y
muchos llegaron desde distintas partes del mundo: Alemania, USA, ARGENTINA,
Palestina, etc. Crearon hospitales, teatros, colegios, periódicos y, por
supuesto, una sinagoga. Pero una vez creado el Estado de Israel, y ante las
políticas represivas de la policía de la URSS, muchos decidieron emigrar…..”
(un extracto de un escrito de JOSE HES,
Lic. en Historia, U. de Chile)
CATALINA II, por un decreto del 3 de
enero de 1792, creó una ZONA DE RESIDENCIA a los judíos que moraban en Rusia,
ya que no se integraban en la sociedad, prohibiéndoles acercarse a las
ciudades.
En 1881, la sociedad rusa estaba
estructurada de una forma manifiestamente distinta a la de Europa Occidental.
Disponía los destinos de Rusia una clase elitista próxima al zar, que imponía
sus intereses a una corta clase media, a un pequeño número de obreros acorde
con la baja actividad industrial y a una enorme masa rural, de la que el zar
disponía para llevar a cabo sus guerras imperialistas y edificar sus palacios.
Campesinos que en condiciones climáticas de extrema dureza cultivaban la tierra
con herramientas primitivas. Alejandro II con su Reforma Emancipadora abolió la
servidumbre del campesino en 1861, convirtiéndole en un ciudadano libre con los
derechos y deberes ajustados a las leyes zaristas, pero las secuelas económicas
y culturales de la situación de servidumbre durante siglos del campesino,
lógicamente, se prolongaron.
El 13 de marzo de 1881 fue una fecha que
modificó el porvenir europeo, pues el zar ALEJANDRO II FUE ASESINADO. Eran
tiempo de magnicidios realizados por anarquistas. Resultó que el asesinato no
se atribuyó al ejecutor judío, sino a Naródnaya Volia, un grupo judío. De
inmediato unos doscientos judíos fueron lapidados.
Al igual que había sucedido en otras ocasiones en tiempos anteriores en Europa, los judíos fueron perseguidos. A juicio de la sociedad zarista, con frecuencia surgían motivos para ejecutarlos o embargarles sus bienes. La irregular situación se prolongó hasta que el zar Alejandro III (13 de marzo de 1881 a 1 de noviembre de 1894) arbitrariamente promulgó en 1882: "Las Leyes de Mayo". Por estas disposiciones se prohibía a los judíos poseer tierras, publicar escritos en hebreo, ocupar cualquier cargo en la Administración y casarse o tener relaciones íntimas con rusos no judíos.
La consecuente emigración de millones de judíos desde los dominios del zar, casi todos campesinos, se fue acelerando en los años y décadas siguientes. Entre 1881 y el inicio de la Gran Guerra más de dos millones de judíos emigraron a Europa. A partir de 1914, la emigración se dirigió al este ruso.
( Mientras el mujik se pasaba tomando vodka, el judío ampliaba sus bienes. Es cuando volvió a recrudecer el antisemitismo de la envidia)
Al igual que había sucedido en otras ocasiones en tiempos anteriores en Europa, los judíos fueron perseguidos. A juicio de la sociedad zarista, con frecuencia surgían motivos para ejecutarlos o embargarles sus bienes. La irregular situación se prolongó hasta que el zar Alejandro III (13 de marzo de 1881 a 1 de noviembre de 1894) arbitrariamente promulgó en 1882: "Las Leyes de Mayo". Por estas disposiciones se prohibía a los judíos poseer tierras, publicar escritos en hebreo, ocupar cualquier cargo en la Administración y casarse o tener relaciones íntimas con rusos no judíos.
La consecuente emigración de millones de judíos desde los dominios del zar, casi todos campesinos, se fue acelerando en los años y décadas siguientes. Entre 1881 y el inicio de la Gran Guerra más de dos millones de judíos emigraron a Europa. A partir de 1914, la emigración se dirigió al este ruso.
( Mientras el mujik se pasaba tomando vodka, el judío ampliaba sus bienes. Es cuando volvió a recrudecer el antisemitismo de la envidia)
POGROMO ARGENTINO La represión generalizada del
gobierno de Hipólito Yrigoyen a las protestas de los obreros de Talleres
Vasena, en enero de 1919, pronto se focalizó también en la comunidad judía de
Buenos Aires. Identificados como “rusos”, los judíos porteños fueron atacados
por la policía, el Ejército y grupos de civiles armados que los acusaban de
pertenecer a un “soviet argentino”
Por Eduardo
Anguita
Y Daniel Cecchini
cuyas barbas fueron arrancadas; uno de ellos
levantó su camiseta para mostrarnos dos sangrantes costillas que salían de la
piel como dos agujas. He visto obreros judíos con ambas piernas rotas en
astillas, rotas a patadas contra el cordón. Y todo esto hecho por pistoleros
llevando la bandera argentina", escribía en la revista Popular el
reconocido periodista Juan
José de Soiza Reilly,
cuando todavía seguía sin poder borrar de su retina lo que había visto en las
calles de Buenos Aires.
La semana del 7 al 14
de enero de 1919 las había recorrido para contar de primera mano la huelga de
los Talleres Vasena y la sangrienta represión comandada por el
general Luis Dellepiane, obedeciendo órdenes del gobierno radical de Hipólito Yrigoyen. En eso estaba cuando se topó con un fenómeno particular
dentro del desastre general: la
salvaje persecución de judíos desatada por las fuerzas policiales y grupos de
civiles armados.
A principios de 1919,
la victoriosa revolución
bolchevique ocurrida hacía
menos de dos años en Rusia se había transformado en un fantasma que recorría
y atemorizaba a los
gobiernos de buena parte del mundo. Temían que se expandiera como la peste. La Argentina no era la excepción. La incipiente clase obrera, compuesta en buena parte por
inmigrantes europeos, se agitaba y reclamaba por sus derechos –principalmente
por una jornada laboral de 8 horas– impulsada por dirigentes anarquistas y
comunistas.
Para los principales
diarios argentinos, la posibilidad de una revolución bolchevique en estas
tierras parecía estar a la vuelta de la esquina:
-En ese momento se
produjo un cambio de perspectiva. En noviembre de 1918 La Nación confiaba
en que el maximalismo no se expandiría más allá de las fronteras rusas y
consideraba que sólo unos pocos países europeos enfrentarían en los meses
sucesivos al peligro maximalista. Sin embargo, a partir de diciembre La Nación, La
Razón y La Prensa alertaban en sus
editoriales contra la divulgación de las ideas maximalistas y consideraba la posibilidad de que, como en Europa,
también en Argentina se desencadenasen huelgas revolucionarias – dice a Infobae el
historiador Daniel
Lvovich, investigador del
Conicet especializado en la historia política y social del Siglo XX.
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