Thursday, April 23, 2020

DIOS ESTA PRÓFUGO (XII)



  
A cada paso una mentira

  El catolicismo siempre alentó por nuestro exterminio, porque el comportamiento del judío, dentro de cualquier sociedad, exponía a la Iglesia Católica, como una institución religiosa de conductas más que execrables.
El pueblo judío arrastrado al exilio por los romanos, se encontró que los seguidores de Jesús, configurarían una especie de comunidad que manejaría la fe a gusto del imperio en decadencia, dándole las herramientas para que aceptara el catolicismo (palabra de origen griego.)
Los judíos se mantuvieron fieles a Jehová, puso de malhumor a los seguidores de Cristo, iniciando una persecución y exterminio durante casi dos mil años.  Y así de pueblo elegido, pasamos a ser elegidos para matar.
El pueblo judío que se había embarcado en un éxodo para salvar el pellejo, no percibió que Europa sería su infierno, especialmente con la llegada de los Reyes Católicos, una dupla sanguinaria que alentados por la Iglesia Católica, nos echaron de la Península.
ESPAÑA que había crecido gracias a la Ilustración judía y el aporte de los moros,   dejó de ser un faro de luz para nosotros, sino una fuente del antisemitismo clerical. Había que subsumir a un pueblo de analfabetos para llenarlo  de miedo.
La Inquisición sirvió sacrificar a quienes no aceptaban la conversión.
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Y este espejo se fue extendiendo hasta el Holocausto nazi. Bastaba que comunidad judía  se distinguiera, a través de consagrados   hombres de la ciencia y la cultura, para que comenzara un pogromo.
Italia, Austria, Polonia, Rusia, Alemania, entre otros países, dejaron que la envidia cimentara el antisemitismo,  mientras los pobres eran esclavizados y los ricos compraban los favores del clero.
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 EL MALLEUS MALEFICARUM , es un libro sobre la cacería de "brujas", escrito por los inquisidores Jacob Sprenger y Heinrich Kramer, publicado en Alemania, en el año 1486. La obsesión de la iglesia por erradicar los cultos paganos de las llamadas "brujas" y "hechiceros", a los que consideraba enemigos mortales de Dios, necesitaba dotarse de un texto que convirtiese en oficial el procedimiento a seguir para la lucha contra el maligno. Cerca de 40 mil mujeres fueron asesinadas por la iglesia entre el siglo XV y XVIII. En este contexto apareció el Malleus Maleficarum, uno de los libros más funestos de la historia. 
(Del sitioTheologe.de)
CUANDO EL PAPA PIO IX SECUESTRÓ UN NIÑO JUDÍO
A mediados del siglo 19, un niño judío estaba al borde de la muerte y recibió un bautismo de emergencia por parte de una criada, lo cual lo convirtió automáticamente en católico. Al sobrevivir, según la ley de ese entonces, no podía ser criado por judíos, por lo cual, fue secuestrado del hogar por parte del Estado y puesto bajo la tutela del Papa Pio Nono.
  En la Italia de mediados del siglo XIX, la mayor parte de la población profesaba la fe católica. La autoridad del Sumo Pontífice era comparable a la de un rey: su palabra, indiscutible; su poder, prácticamente ilimitado. Tanto era así que el 23 de junio de 1858, en la ciudad de Bolonia, la policía golpeó la puerta de una pareja judía, Salomón y Mariana Padovani Mortara, para llevarse a uno de sus ocho hijos a Roma, donde sería educado como pupilo del Estado. El niño, EDGARDO MONTARA, había padecido una enfermedad que lo había acercado a las puertas de la muerte; en ese momento una criada, compadecida, se encargó de que se le diera el bautismo de emergencia. Con este, Edgardo pasaba a ser miembro de la Iglesia Católica. Como por la época regía una ley que prohibía a los niños católicos ser educados por familias de otra religión, una comisión acudió a la casa de Montara para llevárselo a Roma. Por entonces el Papa se encargó personalmente del ex niño judío, y luego él terminó ordenándose sacerdote.
Nacido a mediados de 1851, MORTARA había sido educado bajo el judaísmo hasta los seis años de edad. La Iglesia decidió tomar a su cargo la custodia del niño cuando recibió el testimonio de la criada, que aseguraba que el pequeño había recibido la extremaunción. Anna Morisi, la sirvienta, era católica, así, en principio resulta extraño pensar cómo se encontraría trabajando en un hogar que no lo era. Mortara mismo haría notar, en 1912, que las leyes de los Estados Papales prohibían a los católicos trabajar en casas judías: esta norma habría evitado casos como el suyo mismo. No obstante, la ley fue sistemáticamente ignorada debido a la necesidad de empleo de los sirvientes católicos, que podían trabajar el sábado judío mientras que estos no estaban autorizados realizar ningún tipo de trabajo.
Finalmente el papa Pío IX adoptó a Mortara, quien ingresaría al Seminario durante la adolescencia. El niño fue educado en una casa para conversos, la Casa de los Catecúmenos, mantenida por el Estado. Durante semanas sus padres no pudieron verlo; más adelante, no podrían visitarlo sin supervisión. El Pontífice mantuvo varias audiencias con la familia para persuadirla de que se convirtiera al catolicismo, con lo que podría recuperar a Mortara. A pesar de la insistencia del sacerdote, los padres se negaron a cambiar de religión.
En 1870 los padres de Mortara intentaron recuperar a su hijo; sin embargo, para ese entonces el joven ya era mayor de edad y había decidido continuar profesando el catolicismo. Ese mismo año fue asignado a Francia, donde ingresó en la orden de los Agustinos. A los 23 años fue ordenado sacerdote y adoptó el nombre espiritual de Pío, en honor al Sumo Pontífice. En adelante consagraría buena parte de su vida a misionar para convertir a los judíos, aunque no obtuvo éxito. Finalmente falleció en 1940, a los 88 años de edad, en una abadía de Bélgica.
 LOS NIÑOS ROBADOS DEL FRANQUISMO, son aquellos que, durante la Guerra Civil Española y la posguerra, fueron arrebatados a sus madres republicanas o repatriados sin permiso de sus padres ni de los países a los que la República los había evacuado durante la guerra, y entregados posteriormente en adopción a otras familias adeptas al régimen para su REEDUCACIÓN EN LOS PRINCIPIOS DEL NACIONAL CATOLICISMO.
Los primeros robos comenzaron a principios de los años 40 y continuaron durante las décadas 50, 60 y 70. El robo fue sistemático en cárceles, hospicios y maternidades, y funcionaban de forma organizada, pues en ellos participaban funcionarios, curas, monjas, médicos, matronas, militares… EL ESTADO Y LA IGLESIA fueron sin duda los principales responsables de este problema.
Estos robos tenían una connotación claramente política pero también económica, pues las familias más adineradas llegaban a pagar por las adopciones hasta 200.000 pesetas de la época, dinero que se repartían entre la Iglesia, los médicos y los funcionarios ‘comprados’.
“PROYECTO BIROBIDZHAN”; o la “Sion de Stalin”. A 8351km de Moscú se encuentra Birobidzhan, la capital del Oblast Autónomo Judío, o a 174km de Khabarovsk, una de las ciudades más importante del “lejano oriente” ruso. Hace casi 80 años, en pleno desarrollo y consolidación de la URSS y bajo el mando de Stalin, nació este proyecto “alternativo” al Sionismo que estaba próximo a establecer el Estado de Israel. Con la idea de entregar un territorio dentro de la URSS a cada una de las naciones que la habitaban, Stalin decidió crear una REGIÓN AUTÓNOMA PARA LOS JUDÍOS. Las alternativas eran Crimea o el lejano oriente, optando por la segunda, para que los judíos estén lo más lejos posible en uno de los territorios más difíciles para el asentamiento humano
En su momento, llegaron a vivir aproximadamente 30.000 judíos en Birobidzhan, y muchos llegaron desde distintas partes del mundo: Alemania, USA, ARGENTINA, Palestina, etc. Crearon hospitales, teatros, colegios, periódicos y, por supuesto, una sinagoga. Pero una vez creado el Estado de Israel, y ante las políticas represivas de la policía de la URSS, muchos decidieron emigrar…..” (un extracto  de un escrito de JOSE HES, Lic. en Historia, U. de Chile)
CATALINA II, por un decreto del 3 de enero de 1792, creó una ZONA DE RESIDENCIA a los judíos que moraban en Rusia, ya que no se integraban en la sociedad, prohibiéndoles acercarse a las ciudades. 
En 1881, la sociedad rusa estaba estructurada de una forma manifiestamente distinta a la de Europa Occidental. Disponía los destinos de Rusia una clase elitista próxima al zar, que imponía sus intereses a una corta clase media, a un pequeño número de obreros acorde con la baja actividad industrial y a una enorme masa rural, de la que el zar disponía para llevar a cabo sus guerras imperialistas y edificar sus palacios. Campesinos que en condiciones climáticas de extrema dureza cultivaban la tierra con herramientas primitivas. Alejandro II con su Reforma Emancipadora abolió la servidumbre del campesino en 1861, convirtiéndole en un ciudadano libre con los derechos y deberes ajustados a las leyes zaristas, pero las secuelas económicas y culturales de la situación de servidumbre durante siglos del campesino, lógicamente, se prolongaron.
El 13 de marzo de 1881 fue una fecha que modificó el porvenir europeo, pues el zar ALEJANDRO II FUE ASESINADO. Eran tiempo de magnicidios realizados por anarquistas. Resultó que el asesinato no se atribuyó al ejecutor judío, sino a Naródnaya Volia, un grupo judío. De inmediato unos doscientos judíos fueron lapidados.
Al igual que había sucedido en otras ocasiones en tiempos anteriores en Europa, los judíos fueron perseguidos. A juicio de la sociedad zarista, con frecuencia surgían motivos para ejecutarlos o embargarles sus bienes. La irregular situación se prolongó hasta que el zar Alejandro III  (13 de marzo de 1881 a 1 de noviembre de 1894) arbitrariamente promulgó en 1882:  
"Las Leyes de Mayo". Por estas disposiciones se prohibía a los judíos poseer tierras, publicar escritos en hebreo, ocupar cualquier cargo en la Administración y casarse o tener relaciones íntimas con rusos no judíos.
La consecuente emigración de millones de judíos desde los dominios del zar, casi todos campesinos, se fue acelerando en los años y décadas siguientes. Entre 1881 y el inicio de la Gran Guerra más de dos millones de judíos emigraron a Europa. A partir de 1914, la emigración se dirigió al este ruso.
 ( Mientras el mujik se pasaba tomando vodka, el judío ampliaba sus bienes. Es cuando  volvió a recrudecer el antisemitismo de la envidia)

  POGROMO ARGENTINO La represión generalizada del gobierno de Hipólito Yrigoyen a las protestas de los obreros de Talleres Vasena, en enero de 1919, pronto se focalizó también en la comunidad judía de Buenos Aires. Identificados como “rusos”, los judíos porteños fueron atacados por la policía, el Ejército y grupos de civiles armados que los acusaban de pertenecer a un “soviet argentino”

 Por Eduardo AnguitaDaniel Cecchini
  cuyas barbas fueron arrancadas; uno de ellos levantó su camiseta para mostrarnos dos sangrantes costillas que salían de la piel como dos agujas. He visto obreros judíos con ambas piernas rotas en astillas, rotas a patadas contra el cordón. Y todo esto hecho por pistoleros llevando la bandera argentina", escribía en la revista Popular el reconocido periodista Juan José de Soiza Reilly, cuando todavía seguía sin poder borrar de su retina lo que había visto en las calles de Buenos Aires.
La semana del 7 al 14 de enero de 1919 las había recorrido para contar de primera mano la huelga de los Talleres Vasena y la sangrienta represión comandada por el general Luis Dellepiane, obedeciendo órdenes del gobierno radical de Hipólito Yrigoyen. En eso estaba cuando se topó con un fenómeno particular dentro del desastre general: la salvaje persecución de judíos desatada por las fuerzas policiales y grupos de civiles armados.
A principios de 1919, la victoriosa revolución bolchevique ocurrida hacía menos de dos años en Rusia se había transformado en un fantasma que recorría y atemorizaba a los gobiernos de buena parte del mundo. Temían que se expandiera como la peste. La Argentina no era la excepción. La incipiente clase obrera, compuesta en buena parte por inmigrantes europeos, se agitaba y reclamaba por sus derechos –principalmente por una jornada laboral de 8 horas– impulsada por dirigentes anarquistas y comunistas.
Para los principales diarios argentinos, la posibilidad de una revolución bolchevique en estas tierras parecía estar a la vuelta de la esquina:
-En ese momento se produjo un cambio de perspectiva. En noviembre de 1918 La Nación confiaba en que el maximalismo no se expandiría más allá de las fronteras rusas y consideraba que sólo unos pocos países europeos enfrentarían en los meses sucesivos al peligro maximalista. Sin embargo, a partir de diciembre La Nación, La Razón y La Prensa alertaban en sus editoriales contra la divulgación de las ideas maximalistas y consideraba la posibilidad de que, como en Europa, también en Argentina se desencadenasen huelgas revolucionarias – dice a Infobae el historiador Daniel Lvovich, investigador del Conicet especializado en la historia política y social del Siglo XX.

 

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Friday, April 10, 2020

DIOS ESTA PRÓFUGO (XI)



A cada paso una mentira
                                          
CONCORDIA era, al igual que muchas otras ciudades argentinas,   tierra fértil para los CURAS ANTISEMITAS.
El presbítero  Oscar Belli fue denunciado  por proferir frases de carácter antisemita durante la celebración de una misa en una parroquia de esta localidad entrerriana, en la que advirtió que los judíos somos  “mentirosos  y tenemos  el   alma podrida.”
El cura nos acusó   de no reconocer “a Jesús como el  mesías.”
Cuando yo era chico  sentía pena y MIEDO DE LOS GITANOS. Esa doble sensación  se redujo cuando Mi Madre hizo ingresar a una gitana a casa,  para comprarle unas ollas de aluminio que su familia fabricaba.
  En mi pueblo se trataba a las gitanas como embusteras que convencían a las mujeres carentes de amor y mucha soledad, para que se dejaran adivinar la suerte.
Una vez que la desdichada extendía su mano, porque era la clave para una correcta predicción, siempre terminaba sin un anillo o sin su pulsera.
Hubo situaciones que pudieron ser ciertas pero en otras fueron  parte del mito urbano: como que los gitanos robaban niños.
Y de esto se valían muchos padres para domesticar al hijo rebelde.
En los años cincuenta,  los gitanos vivían en carpas. Treinta años después eran dueños de  chalets.
  En  mi  época de enfermero   en un hospital público de Mar del Plata, allá por los años noventa había  muchos enfermeros que se negaban a atender   a los gitanos, por la sencilla razón que les tenían   bronca.
Esta actitud discriminatoria involucraba, entre otros, a chilenos y   bolivianos.
Los cíngaros son  básicamente   católicos.  Pero ya en el siglo XXI se ha visto que muchos se han pasado    a los  cultos protestantes.
Los gitanos al igual que mi pueblo fueron  perseguidos por el nazismo. A muchos de ellos los  esterilizaron y castraron   en los campos de   exterminio de Dachau y
Sachsenhausen.
En Buchenwald, en enero de 1940, doscientos cincuenta niños fueron objetos de experimentos para comprobar sus resistencias  al dolor hasta matarlos.
Después de la SGM, del  millón de gitanos que había en
Europa, unos doscientos mil perecieron en los campos de concentración.
Dios no puede ignorar que el  caló lo  sigue  pasando mal sin embargo, no lo tiene en cuenta.
Yo tenía una amiga que después de divorciarse comenzó una sesión de terapia. Al poco tiempo el tratamiento se fue al diablo porque se había enamorado de su terapeuta.
Si algo es inútil para el ser humano es la Psicología y la Psiquiatría:  vacían la mente y llenan los bolsillos de los profesionales.
 Buscando su destino mi amiga  entró en la   SECTA  Umbanda.
Esta congregación  tiene mala prensa. Ha sido denunciada en varias oportunidades por exmiembros  de realizar  lavados de cerebros.
La secta Umbanda está estructurada sobre un mundo
inmaterial con poderes que tienen distintas fuentes de inspiración.
Se inició con la llegada de los esclavos llevados de África a Brasil, y fue evolucionando paulatinamente.
En algunos países de habla hispana el umbandismo  ha cambiado varias veces de nombre.
Las normas y los estatutos de la congregación están  fundamentados en la Biblia, y   sus doctrinas son similares de las   iglesias pentecostales.
Dios está prófugo, solo está presente en aquellos que buscan quitarlo de su exilio, para que los ayude a sobrellevar la    soledad,  a consolarlos ante la pérdida de un ser querido, cuando la vida viene cambiada y la felicidad les está negada y, finalmente para poder sobrellevar el temor a la muerte.
Este libro se refiere    al daño que provocan las religiones  al ser Humano, no importa cuál sea la corriente que predica la fe en un fantasma.
Dios es la Energía que produce un grupo de personas reunidos con idénticos propósitos, aunque tengan  distintos nombres.
Esta Energía siempre cumple  similar función: le sirve al   creyente  para superar su ansiedad, su frustración, su soledad y su miedo a morir.
En el recinto donde se congregan los creyentes la   Energía cobra forma humana.  Puede ser un  cura, un  lamaísta, un  pastor evangélico, un rabino o un ulema musulmán, el que  consigue convencer  al practicante,  que él  es el representante de  Dios en la Tierra.
Esta caracterización se va ampliando a medida que aparecen nuevas ofertas celestiales.
 En todos los  cultos, la comunicación con el Más Allá tiene su precio.  Las    diferencias  están  en las   tarifas.
  Hay Iglesias que son muy modestas,  sus gastos operativos son mínimos. Lo único que les encarece es el sueldo del pastor.
Mi nacimiento fue inoportuno: llegué en el año1941.  Europa estaba en llamas. Los cuerpos de los hebreos eran las teas que servían para que el fuego no se apagara.
Con el correr de los años supe que  Mis Padres no lloraron de felicidad por mi venida a este mundo, sino por los  familiares muertos durante la SGM.
Además, se  sintieron descorazonados PORQUE   DIOS  HABÍA VUELTO A ABANDONAR AL PUEBLO HEBREO.
Mis Padres no iban a la sinagoga con la frecuencia que lo hacían otras familias que vivían en mi pueblo.
Pagaban  puntualmente la   cuota social de la Unión Israelita,  para mantener su actividad y no dar lugar a que se pensara   que  Mi Familia se  había apartado de la colectividad.
  Mis Padres celebraban tres festividades del calendario judío: Año Nuevo-Rosh Hashaná: el Día del Perdón -Yom Kippur; y las Pascuas—Pesaj.
A diferencia de Mi Padre, que no le daba bola al asunto,  Mi Madre respetaba el Shabat,  nuestro día de descanso, que era cuando    encendía dos  velas que colocaba en unos candelabros que guardaba celosamente y era lo único que brillaba en  nuestro caserón.
Mi Madre se cubría la cabeza con un pañuelo multicolor, llenaba una copa de plata con vino dulce y lo bendecía diciendo  el  kidush.
Después, Mi Madre nos repartía,  a Mis Dos Hermanos y a mí, trozos  un pedazo de un pan trenzado, (jalá), de valor simbólico  que ella misma amasaba. Y de esta manera   poco ortodoxa daba por finalizado    el ritual.
Mi Madre, después de cenar, nos contaba    historias de gente buena que Dios  compensaba.  Nunca le creí: siempre terminamos siendo agredidos o asesinados por el goi  (el gentil.)
En Rosh Hashaná  Mis Padres,  nos obligaban ir al shil (sinagoga). Era   cuestión de no olvidar nuestros orígenes. Y no por creer en Jehová.
Yo iba a jugar, a buscar cómplices para mis correrías.
Para que Mi Padre no se disgustara conmigo de a ratos  iba y me sentaba a su lado. Y él feliz  me señalaba con el dedo el texto que estaba leyendo.
Yo intentaba seguirlo  con la vista pero enseguida me distraía. Y al rato volvía a mis andadas con los otros gurises que  estaban dispuestos a   corretear.
Mi casa se conmocionaba en  Rosh Hashaná y Yom Kippur, con la llegada de la hermana y el cuñado de nuestro  inquilino Jonás.
Jonás   era de origen austriaco. Durante la PGM (Pimera guerra mundial),
había sido distinguido por su Gobierno  por la enorme valentía demostrada durante la contienda.
Cuando estalló la SGM, Austria le agradeció los servicios prestados, enviando a su esposa y a sus dos hijos, a  los campos de Mauthausen-Gusen de donde no salieron con vida.
Jonás, pudo escapar y esconderse en un wald (bosque) cercano a Viena. Su vida dejó de tener sentido. Se iba suicidando lentamente tomando  todo el día  café y fumando compulsivamente.
Recuerdo sus mostachos que tenían el color de la nicotina. Él dejó de ir  a la sinagoga, desde que Dios lo había abandonado.
La hermana de Jonás y su marido, vivían en la ciudad entrerriana de Feliciano. La comunidad era tan
pequeña que no justificaba la contratación de un jazán que se encargara de las ceremonias religiosas. Por eso para las fiestas se venían a Concordia y la pasaban
con nosotros y sus dos hijos, aún solteros,   quienes  trabajaban en  esta ciudad.
Entre  los años  1946 y finales de los 60’ en mi pueblo había una gran comunidad hebrea.
En Año Nuevo y en el Día del Perdón se notaba. Los negocios permanecían  cerrados y los estudiantes estábamos autorizados a faltar  a clase.
En el siglo XXI se habla mucho del BULLYNG (acoso escolar). A mitad del siglo XX yo lo padecí.
Mi primer nombre es JACOBO.  Cuando podía, decía que me llamaba   Saúl (mi segundo nombre.)
Mis compañeros de la Primaria me agobiaban desde   el habitual “Jacoibo, hasta judío pija recortada”. De vez en cuando  renovaban su repertorio.
Yo empecé mis estudios primarios cuando hacía tres años que había finalizado la Segunda Guerra Mundial.
La muerte de seis millones de hebreos no tenía ningún  significado para mis compañeros de clase. Ellos seguían batiendo parches sobre los mismos temas que sirvieron de pretexto para la matanza de mi pueblo  en Europa.
Yo me sentía como doblegado por esas imágenes que me llegaban  a través de diarios y revistas,  donde  los creyentes   rezaban a un Dios prófugo  mientras eran enviados a los campos de exterminio.
Mis  vecinos   de Concordia  se pasaban yendo a misa. Especialmente    una solterona que buscaba en la iglesia  alguna imagen masculina que le ayudara a imaginar otro tipo de vida, más cerca del cuerpo y no tan lejos de los deseos.
 En esa  misma casa vivía un matrimonio que tenía  dos hijos que cuando se embalaban    me regalaban a modo de saludo: “Chau judío de mierda.”
Y para colmo de males  DIOS NO LOS CASTIGABA.
  En la Escuela Normal de Concordia, donde cursé mis estudios primarios, los alumnos católicos recibían clases de Religión. Era por un arreglo que había hecho el presidente Perón  con la Iglesia Católica, por haberlo apoyado en  su primera candidatura a la Presidencia de la Nación.
Los hebreos salíamos del curso y nos encerrábamos en una sala donde se suponía  recibiríamos  clases de Moral, algo que  nunca sucedía.
  Cuando volvíamos a clase nos encontrábamos con nuestros compañeros transformados,  capaces de asesinarnos porque los curas les habían repetido cantilena de siempre: que  tanto  mis ancestros, Mis Padres, Mis Hermanos y yo,   habíamos  matado al Hijo de Dios.
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