Friday, April 10, 2020

DIOS ESTA PRÓFUGO (XI)



A cada paso una mentira
                                          
CONCORDIA era, al igual que muchas otras ciudades argentinas,   tierra fértil para los CURAS ANTISEMITAS.
El presbítero  Oscar Belli fue denunciado  por proferir frases de carácter antisemita durante la celebración de una misa en una parroquia de esta localidad entrerriana, en la que advirtió que los judíos somos  “mentirosos  y tenemos  el   alma podrida.”
El cura nos acusó   de no reconocer “a Jesús como el  mesías.”
Cuando yo era chico  sentía pena y MIEDO DE LOS GITANOS. Esa doble sensación  se redujo cuando Mi Madre hizo ingresar a una gitana a casa,  para comprarle unas ollas de aluminio que su familia fabricaba.
  En mi pueblo se trataba a las gitanas como embusteras que convencían a las mujeres carentes de amor y mucha soledad, para que se dejaran adivinar la suerte.
Una vez que la desdichada extendía su mano, porque era la clave para una correcta predicción, siempre terminaba sin un anillo o sin su pulsera.
Hubo situaciones que pudieron ser ciertas pero en otras fueron  parte del mito urbano: como que los gitanos robaban niños.
Y de esto se valían muchos padres para domesticar al hijo rebelde.
En los años cincuenta,  los gitanos vivían en carpas. Treinta años después eran dueños de  chalets.
  En  mi  época de enfermero   en un hospital público de Mar del Plata, allá por los años noventa había  muchos enfermeros que se negaban a atender   a los gitanos, por la sencilla razón que les tenían   bronca.
Esta actitud discriminatoria involucraba, entre otros, a chilenos y   bolivianos.
Los cíngaros son  básicamente   católicos.  Pero ya en el siglo XXI se ha visto que muchos se han pasado    a los  cultos protestantes.
Los gitanos al igual que mi pueblo fueron  perseguidos por el nazismo. A muchos de ellos los  esterilizaron y castraron   en los campos de   exterminio de Dachau y
Sachsenhausen.
En Buchenwald, en enero de 1940, doscientos cincuenta niños fueron objetos de experimentos para comprobar sus resistencias  al dolor hasta matarlos.
Después de la SGM, del  millón de gitanos que había en
Europa, unos doscientos mil perecieron en los campos de concentración.
Dios no puede ignorar que el  caló lo  sigue  pasando mal sin embargo, no lo tiene en cuenta.
Yo tenía una amiga que después de divorciarse comenzó una sesión de terapia. Al poco tiempo el tratamiento se fue al diablo porque se había enamorado de su terapeuta.
Si algo es inútil para el ser humano es la Psicología y la Psiquiatría:  vacían la mente y llenan los bolsillos de los profesionales.
 Buscando su destino mi amiga  entró en la   SECTA  Umbanda.
Esta congregación  tiene mala prensa. Ha sido denunciada en varias oportunidades por exmiembros  de realizar  lavados de cerebros.
La secta Umbanda está estructurada sobre un mundo
inmaterial con poderes que tienen distintas fuentes de inspiración.
Se inició con la llegada de los esclavos llevados de África a Brasil, y fue evolucionando paulatinamente.
En algunos países de habla hispana el umbandismo  ha cambiado varias veces de nombre.
Las normas y los estatutos de la congregación están  fundamentados en la Biblia, y   sus doctrinas son similares de las   iglesias pentecostales.
Dios está prófugo, solo está presente en aquellos que buscan quitarlo de su exilio, para que los ayude a sobrellevar la    soledad,  a consolarlos ante la pérdida de un ser querido, cuando la vida viene cambiada y la felicidad les está negada y, finalmente para poder sobrellevar el temor a la muerte.
Este libro se refiere    al daño que provocan las religiones  al ser Humano, no importa cuál sea la corriente que predica la fe en un fantasma.
Dios es la Energía que produce un grupo de personas reunidos con idénticos propósitos, aunque tengan  distintos nombres.
Esta Energía siempre cumple  similar función: le sirve al   creyente  para superar su ansiedad, su frustración, su soledad y su miedo a morir.
En el recinto donde se congregan los creyentes la   Energía cobra forma humana.  Puede ser un  cura, un  lamaísta, un  pastor evangélico, un rabino o un ulema musulmán, el que  consigue convencer  al practicante,  que él  es el representante de  Dios en la Tierra.
Esta caracterización se va ampliando a medida que aparecen nuevas ofertas celestiales.
 En todos los  cultos, la comunicación con el Más Allá tiene su precio.  Las    diferencias  están  en las   tarifas.
  Hay Iglesias que son muy modestas,  sus gastos operativos son mínimos. Lo único que les encarece es el sueldo del pastor.
Mi nacimiento fue inoportuno: llegué en el año1941.  Europa estaba en llamas. Los cuerpos de los hebreos eran las teas que servían para que el fuego no se apagara.
Con el correr de los años supe que  Mis Padres no lloraron de felicidad por mi venida a este mundo, sino por los  familiares muertos durante la SGM.
Además, se  sintieron descorazonados PORQUE   DIOS  HABÍA VUELTO A ABANDONAR AL PUEBLO HEBREO.
Mis Padres no iban a la sinagoga con la frecuencia que lo hacían otras familias que vivían en mi pueblo.
Pagaban  puntualmente la   cuota social de la Unión Israelita,  para mantener su actividad y no dar lugar a que se pensara   que  Mi Familia se  había apartado de la colectividad.
  Mis Padres celebraban tres festividades del calendario judío: Año Nuevo-Rosh Hashaná: el Día del Perdón -Yom Kippur; y las Pascuas—Pesaj.
A diferencia de Mi Padre, que no le daba bola al asunto,  Mi Madre respetaba el Shabat,  nuestro día de descanso, que era cuando    encendía dos  velas que colocaba en unos candelabros que guardaba celosamente y era lo único que brillaba en  nuestro caserón.
Mi Madre se cubría la cabeza con un pañuelo multicolor, llenaba una copa de plata con vino dulce y lo bendecía diciendo  el  kidush.
Después, Mi Madre nos repartía,  a Mis Dos Hermanos y a mí, trozos  un pedazo de un pan trenzado, (jalá), de valor simbólico  que ella misma amasaba. Y de esta manera   poco ortodoxa daba por finalizado    el ritual.
Mi Madre, después de cenar, nos contaba    historias de gente buena que Dios  compensaba.  Nunca le creí: siempre terminamos siendo agredidos o asesinados por el goi  (el gentil.)
En Rosh Hashaná  Mis Padres,  nos obligaban ir al shil (sinagoga). Era   cuestión de no olvidar nuestros orígenes. Y no por creer en Jehová.
Yo iba a jugar, a buscar cómplices para mis correrías.
Para que Mi Padre no se disgustara conmigo de a ratos  iba y me sentaba a su lado. Y él feliz  me señalaba con el dedo el texto que estaba leyendo.
Yo intentaba seguirlo  con la vista pero enseguida me distraía. Y al rato volvía a mis andadas con los otros gurises que  estaban dispuestos a   corretear.
Mi casa se conmocionaba en  Rosh Hashaná y Yom Kippur, con la llegada de la hermana y el cuñado de nuestro  inquilino Jonás.
Jonás   era de origen austriaco. Durante la PGM (Pimera guerra mundial),
había sido distinguido por su Gobierno  por la enorme valentía demostrada durante la contienda.
Cuando estalló la SGM, Austria le agradeció los servicios prestados, enviando a su esposa y a sus dos hijos, a  los campos de Mauthausen-Gusen de donde no salieron con vida.
Jonás, pudo escapar y esconderse en un wald (bosque) cercano a Viena. Su vida dejó de tener sentido. Se iba suicidando lentamente tomando  todo el día  café y fumando compulsivamente.
Recuerdo sus mostachos que tenían el color de la nicotina. Él dejó de ir  a la sinagoga, desde que Dios lo había abandonado.
La hermana de Jonás y su marido, vivían en la ciudad entrerriana de Feliciano. La comunidad era tan
pequeña que no justificaba la contratación de un jazán que se encargara de las ceremonias religiosas. Por eso para las fiestas se venían a Concordia y la pasaban
con nosotros y sus dos hijos, aún solteros,   quienes  trabajaban en  esta ciudad.
Entre  los años  1946 y finales de los 60’ en mi pueblo había una gran comunidad hebrea.
En Año Nuevo y en el Día del Perdón se notaba. Los negocios permanecían  cerrados y los estudiantes estábamos autorizados a faltar  a clase.
En el siglo XXI se habla mucho del BULLYNG (acoso escolar). A mitad del siglo XX yo lo padecí.
Mi primer nombre es JACOBO.  Cuando podía, decía que me llamaba   Saúl (mi segundo nombre.)
Mis compañeros de la Primaria me agobiaban desde   el habitual “Jacoibo, hasta judío pija recortada”. De vez en cuando  renovaban su repertorio.
Yo empecé mis estudios primarios cuando hacía tres años que había finalizado la Segunda Guerra Mundial.
La muerte de seis millones de hebreos no tenía ningún  significado para mis compañeros de clase. Ellos seguían batiendo parches sobre los mismos temas que sirvieron de pretexto para la matanza de mi pueblo  en Europa.
Yo me sentía como doblegado por esas imágenes que me llegaban  a través de diarios y revistas,  donde  los creyentes   rezaban a un Dios prófugo  mientras eran enviados a los campos de exterminio.
Mis  vecinos   de Concordia  se pasaban yendo a misa. Especialmente    una solterona que buscaba en la iglesia  alguna imagen masculina que le ayudara a imaginar otro tipo de vida, más cerca del cuerpo y no tan lejos de los deseos.
 En esa  misma casa vivía un matrimonio que tenía  dos hijos que cuando se embalaban    me regalaban a modo de saludo: “Chau judío de mierda.”
Y para colmo de males  DIOS NO LOS CASTIGABA.
  En la Escuela Normal de Concordia, donde cursé mis estudios primarios, los alumnos católicos recibían clases de Religión. Era por un arreglo que había hecho el presidente Perón  con la Iglesia Católica, por haberlo apoyado en  su primera candidatura a la Presidencia de la Nación.
Los hebreos salíamos del curso y nos encerrábamos en una sala donde se suponía  recibiríamos  clases de Moral, algo que  nunca sucedía.
  Cuando volvíamos a clase nos encontrábamos con nuestros compañeros transformados,  capaces de asesinarnos porque los curas les habían repetido cantilena de siempre: que  tanto  mis ancestros, Mis Padres, Mis Hermanos y yo,   habíamos  matado al Hijo de Dios.
  ( Todos los temas en diosestaprofugo.blogspot.com)

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