A cada paso una
mentira
CONCORDIA era, al igual que muchas otras
ciudades argentinas, tierra fértil para
los CURAS ANTISEMITAS.
El presbítero Oscar Belli fue denunciado por proferir frases de carácter antisemita
durante la celebración de una misa en una parroquia de esta localidad
entrerriana, en la que advirtió que los judíos somos “mentirosos
y tenemos el alma podrida.”
El cura nos acusó de no reconocer “a Jesús como el mesías.”
Cuando yo era chico
sentía pena y MIEDO DE LOS GITANOS. Esa doble sensación se redujo cuando Mi Madre hizo ingresar a una
gitana a casa, para comprarle unas ollas
de aluminio que su familia fabricaba.
En mi pueblo se
trataba a las gitanas como embusteras que convencían a las mujeres carentes de
amor y mucha soledad, para que se dejaran adivinar la suerte.
Una vez que la desdichada extendía su mano, porque era la
clave para una correcta predicción, siempre terminaba sin un anillo o sin su
pulsera.
Hubo situaciones que pudieron ser ciertas pero en otras
fueron parte del mito urbano: como que
los gitanos robaban niños.
Y de esto se valían muchos padres para domesticar al hijo
rebelde.
En
los años cincuenta, los gitanos vivían
en carpas. Treinta años después eran dueños de
chalets.
En mi
época de enfermero en un
hospital público de Mar del Plata, allá por los años noventa había muchos enfermeros que se negaban a
atender a los gitanos, por la sencilla
razón que les tenían bronca.
Esta actitud discriminatoria involucraba, entre otros, a
chilenos y bolivianos.
Los cíngaros son
básicamente católicos. Pero ya en el siglo XXI se ha visto que
muchos se han pasado a los cultos protestantes.
Los gitanos al igual que mi pueblo fueron perseguidos por el nazismo. A muchos de ellos
los
esterilizaron y castraron en los
campos de exterminio de Dachau y
Sachsenhausen.
En Buchenwald, en enero de 1940, doscientos
cincuenta niños fueron objetos de experimentos para comprobar sus
resistencias al dolor hasta matarlos.
Después de la SGM, del millón de gitanos que había en
Europa, unos doscientos mil perecieron en
los campos de concentración.
Dios no puede ignorar que el
caló lo sigue pasando mal sin embargo, no lo tiene en
cuenta.
Yo tenía una amiga que después de divorciarse comenzó una
sesión de terapia. Al poco tiempo el tratamiento se fue al diablo porque se
había enamorado de su terapeuta.
Si algo es inútil para el ser humano es la Psicología y la
Psiquiatría: vacían la mente y llenan
los bolsillos de los profesionales.
Buscando su destino mi
amiga entró en la SECTA
Umbanda.
Esta congregación
tiene mala prensa. Ha sido denunciada en varias oportunidades por
exmiembros de realizar lavados de cerebros.
La secta Umbanda está estructurada sobre un mundo
inmaterial con poderes que tienen distintas
fuentes de inspiración.
Se inició con la llegada de los esclavos
llevados de África a Brasil, y fue evolucionando paulatinamente.
En algunos países de habla hispana el
umbandismo ha cambiado varias veces de
nombre.
Las normas y los estatutos de la
congregación están fundamentados en la Biblia, y sus doctrinas son similares de las iglesias
pentecostales.
Dios está prófugo,
solo está presente en aquellos que buscan quitarlo de su exilio, para que los
ayude a sobrellevar la soledad, a consolarlos ante la pérdida de un ser
querido, cuando la vida viene cambiada y la felicidad les está negada y,
finalmente para poder sobrellevar el temor a la muerte.
Este libro se refiere al
daño que provocan las religiones al ser
Humano, no importa cuál sea la corriente que predica la fe en un fantasma.
Dios es la Energía que
produce un grupo de personas reunidos con idénticos propósitos, aunque
tengan distintos nombres.
Esta Energía siempre
cumple similar función: le sirve al creyente
para superar su ansiedad,
su frustración, su soledad y su miedo a morir.
En el recinto donde se
congregan los creyentes la Energía
cobra forma humana. Puede ser un
cura, un lamaísta, un pastor evangélico, un rabino o un ulema
musulmán, el que consigue convencer al practicante, que él
es el representante de Dios en la
Tierra.
Esta caracterización
se va ampliando a medida que aparecen nuevas ofertas celestiales.
En todos los
cultos, la comunicación con el Más Allá tiene su precio. Las
diferencias están en las
tarifas.
Hay Iglesias que son muy modestas, sus gastos operativos son mínimos. Lo único
que les encarece es el sueldo del pastor.
Mi nacimiento fue
inoportuno: llegué en el año1941. Europa estaba en llamas. Los cuerpos de los
hebreos eran las teas que servían para que el fuego no se apagara.
Con el correr de los años supe que Mis Padres no lloraron de felicidad por mi
venida a este mundo, sino por los
familiares muertos durante la SGM.
Además, se sintieron descorazonados PORQUE DIOS
HABÍA VUELTO A ABANDONAR AL PUEBLO HEBREO.
Mis Padres no iban a
la sinagoga con la frecuencia que lo hacían otras familias que
vivían en mi pueblo.
Pagaban puntualmente la cuota social de la Unión Israelita, para mantener su actividad y no dar lugar a que se pensara que Mi
Familia se había apartado de la
colectividad.
Mis Padres celebraban tres festividades del
calendario judío: Año Nuevo-Rosh Hashaná: el Día del Perdón -Yom Kippur; y las
Pascuas—Pesaj.
A diferencia de Mi
Padre, que no le daba bola al
asunto, Mi Madre respetaba el
Shabat, nuestro día de descanso, que era
cuando encendía dos velas que colocaba en unos candelabros que
guardaba celosamente y era lo único que brillaba en nuestro caserón.
Mi Madre se cubría la cabeza con un pañuelo
multicolor, llenaba una copa de plata con vino dulce y lo bendecía
diciendo el kidush.
Después, Mi Madre nos
repartía, a Mis Dos Hermanos y a mí, trozos un pedazo de un pan trenzado, (jalá), de
valor simbólico que ella misma amasaba. Y
de esta manera poco ortodoxa daba por
finalizado el ritual.
Mi Madre, después de
cenar, nos contaba historias de gente
buena que Dios compensaba. Nunca le creí: siempre terminamos siendo
agredidos o asesinados por el goi (el gentil.)
En Rosh Hashaná Mis Padres,
nos obligaban ir al shil (sinagoga). Era
cuestión de no olvidar nuestros orígenes. Y no por creer en Jehová.
Yo iba a jugar, a buscar cómplices para mis
correrías.
Para que Mi Padre no se disgustara conmigo
de a ratos iba y me sentaba a su lado. Y
él feliz me señalaba con el dedo el
texto que estaba leyendo.
Yo intentaba seguirlo con la vista pero enseguida me distraía. Y al
rato volvía a mis andadas con los otros gurises que estaban dispuestos a corretear.
Mi casa se conmocionaba en Rosh Hashaná y Yom Kippur, con la llegada de
la hermana y el cuñado de nuestro
inquilino Jonás.
Jonás
era de origen austriaco. Durante la PGM (Pimera guerra mundial),
había sido distinguido por su Gobierno por la enorme valentía demostrada durante la
contienda.
Cuando estalló la SGM, Austria le agradeció
los servicios prestados, enviando a su esposa y a sus dos hijos, a los campos de Mauthausen-Gusen
de donde no salieron con vida.
Jonás, pudo
escapar y esconderse en un wald (bosque) cercano a Viena. Su vida dejó de tener
sentido. Se iba suicidando lentamente tomando
todo el día café y fumando
compulsivamente.
Recuerdo sus
mostachos que tenían el color de la nicotina. Él dejó de ir a la sinagoga, desde que Dios lo había
abandonado.
La hermana de Jonás y su marido, vivían en
la ciudad entrerriana de Feliciano. La comunidad era tan
pequeña que no justificaba la contratación
de un jazán que se encargara de las ceremonias religiosas. Por eso para las
fiestas se venían a Concordia y la pasaban
con nosotros y sus dos hijos, aún
solteros, quienes trabajaban en
esta ciudad.
Entre los años 1946 y finales de los 60’ en mi pueblo había
una gran comunidad hebrea.
En Año Nuevo y en el Día del Perdón se notaba. Los negocios
permanecían cerrados y los estudiantes
estábamos autorizados a faltar a clase.
En el siglo XXI se habla mucho del BULLYNG (acoso escolar). A
mitad del siglo XX yo lo padecí.
Mi primer nombre es JACOBO.
Cuando podía,
decía que me llamaba Saúl (mi segundo
nombre.)
Mis compañeros de la Primaria me agobiaban desde el habitual “Jacoibo, hasta judío pija
recortada”. De vez en cuando renovaban
su repertorio.
Yo empecé
mis estudios primarios cuando hacía tres años que había finalizado la Segunda
Guerra Mundial.
La muerte de seis millones de hebreos no tenía ningún significado para mis compañeros de clase.
Ellos seguían batiendo parches sobre los mismos temas que sirvieron de pretexto
para la matanza de mi pueblo en Europa.
Yo me sentía como doblegado por esas imágenes que me
llegaban a través de diarios y
revistas, donde los creyentes rezaban a un Dios prófugo mientras eran enviados
a los campos de exterminio.
Mis vecinos de Concordia
se pasaban yendo a misa. Especialmente
una solterona que buscaba en la iglesia
alguna imagen masculina que le ayudara a imaginar otro tipo de vida, más
cerca del cuerpo y no tan lejos de los deseos.
En esa misma casa vivía un matrimonio que tenía dos hijos que cuando se embalaban me regalaban a modo de saludo: “Chau judío
de mierda.”
Y para colmo de males DIOS
NO LOS CASTIGABA.
En la Escuela Normal
de Concordia, donde cursé mis estudios primarios, los alumnos católicos
recibían clases de Religión. Era por un arreglo que había hecho el presidente
Perón con la Iglesia Católica, por
haberlo apoyado en su primera
candidatura a la Presidencia de la Nación.
Los hebreos salíamos del curso y nos encerrábamos en una sala
donde se suponía recibiríamos clases de Moral, algo que nunca sucedía.
Cuando volvíamos a
clase nos encontrábamos con nuestros compañeros transformados, capaces de asesinarnos porque los curas les
habían repetido cantilena de siempre: que
tanto mis ancestros, Mis Padres,
Mis Hermanos y yo, habíamos matado al Hijo de Dios.
( Todos los temas en
diosestaprofugo.blogspot.com)
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