Dios está prófugo, solo está presente en aquellos que buscan quitarlo de su exilio, para que los ayude a sobrellevar la soledad, a consolarlos ante la pérdida de un ser querido, cuando la vida viene cambiada y la felicidad les está negada y, finalmente para poder sobrellevar el temor a la muerte.
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EN LA RELIGIÓN JUDÍA nadie
se preocupa por robarles clientes a los otros credos. El que quiere convertirse
al Judaísmo lo hace voluntariamente.
Los rabinos, tuvieron sus
reacciones fanáticas pero de entrecasa.
Los cultos que coexisten en
Israel son respetados.
En el año 1962 yo estaba
viviendo en Jerusalém. Me fui con un
grupo de amigos a refrescarme a una
pileta de natación municipal.
De pronto se oyen gritos e
improperios en idish. En la calle integrantes del grupo ultra ortodoxo,
GUARDIANES DE DIOS (Naturei Karta),
estaban protestando porque la breijat sjiá(pileta), estaba abierta en Shabat.
Una mañana decidí visitar el barrio jerosolimitano de este grupo
minoritario descendiente de hebreos húngaros que se establecieron en la Ciudad Vieja de
Jerusalén a comienzos del siglo
XIX.
Me miraban con desconfianza
y cuando traté de sacar unas
fotos del lugar, casi me achuran.
No reconocen al Estado hebreo y siguen esperando la venida del
Mesías.
Se van a morir sin ver la pretendida redención.
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EN EL AÑO 1956 ME FUI A VIVIR A MENDOZA. Me alojé en la casa de un rabino.
Su esposa era una arpía con todas las letras. Invocaba a Dios, todo el día y todos los
días. Sin embargo, cuando se trataba de
pesos se volvía impiadosa.
Como Mis Padres se demoraron
en enviarle la cuota
destinada a mi manutención, la tipa me
rajó de su casa sin sentir pena por mí, que era un chico asmático.
Después fui a dar con mis huesos a la
casa de un matrimonio húngaro
sobreviviente de la SGM.
La dueña de casa-hay mujeres que
son jodidas-, me limpió porque había recibido un
pensionista que le pagaba un poco más.
A ella le perdoné su miserable
actitud. En Auschwitz había dejado de
creer en Dios.
En el año 1997 viviendo en
Israel, trabajé año y medio en un
geriátrico.
El dueño de esa casa de osamentas, era un joven israelí de padres
iraquíes.
El tipo todas las mañanas rezaba, y con esto creía limpiar su
conciencia y poder seguir explotando al
personal, a quien tenía en negro.
Mataba de hambre a la gente que vivía en la institución y le mentía a los familiares sobre las
bondades del lugar para poderles cobrar
mucho más.
El dueño de la Humillación echó del laburo a un asistente mientras
se reponía de una intervención quirúrgica. Como no estaba en la nómina solo
podía ir a quejarse a magoya.
El
Dios prófugo permitía que el
dueño del geriátrico se
enriqueciera aprovechándose
del dolor ajeno.
Mi Padre decidió que yo tomara la comunión
por una
cuestión social más que por convicción religiosa.
No quería bancarse los
comentarios de los conocidos que su
primogénito no había hecho el BAR MITZVÁ.
En el año 1995 un amigo me pidió que acompañara a un rabino como
traductor. El religioso había venido a
Mar del Plata para controlar que
la merluza fuera envasada
respetándose el Kashrut.
El pescado se iba a
enviar a un importante supermercado de la ciudad
de BNEI BRAK, donde se concentra la segunda comunidad religiosa de Israel después de
Jerusalém.
Embarcamos un día viernes al atardecer y de pronto el rabino se
dio cuenta que había salido la primera estrella y el pescado sin vender.
El rabino, se había venido con un edecán. Entre los dos
buscaron una solución bíblica para no afectar sus ingresos. Por esta changuita
el dúo iba a embolsar quince mil dólares, en una repartija
desigual, por supuesto.
Al anochecer del sábado abandonamos el
barco.
El rabino se alojó en un hotel de
lujo. A su edecán lo
mandó a una pocilga.
Por los visto el Dios prófugo perdona
a todo aquel
que discrimina a su semejante.
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